martes, agosto 10, 2010

Ecuador y Chile: Lazos fortalecidos y una misma línea, por Hernán Felipe Errázuriz.





Ecuador y Chile: Lazos fortalecidos y una misma línea,

por Hernán Felipe Errázuriz.

Con acuerdos positivos para Ecuador, Chile y sus pueblos culminó la visita del Presidente Sebastián Piñera a Quito. Los Presidentes Rafael Correa y Sebastián Piñera manifestaron la plena coincidencia respecto de la vigencia, alcances y contenidos de la Declaración de Santiago de 1952 y del Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954 y expresaron su satisfacción por los logros derivados de los mismos. Confirmaron, además, su visión común frente a temas vinculados con el Derecho del Mar y su amplia cooperación en la materia.



La declaración de los mandatarios reitera la posición histórica de ambos países sobre sus límites marítimos debidamente fijados por dichos tratados, suscritos también por Perú, que ha pretendido desconocer sus alcances en su demanda presentada ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. La declaración presidencial coincide con la publicación en Ecuador del Acuerdo Ministerial 081 y su Anexo, la Carta Náutica IOA 42, que grafica el límite marítimo Ecuador-Perú y el límite exterior -sector sur- de la República de Ecuador, aprobados por su cancillería y por su Ministerio de Defensa y el Presidente Correa.



El Acuerdo Ministerial 081 y la Carta Náutica anexa tienen por sí mismos valor ante la Corte Internacional de Justicia: permiten avalar la interpretación acorde, ecuatoriana-chilena, de los tratados del Pacífico Sur, que Perú infundada y artificiosamente pretende impugnar.



La cartografía ecuatoriana reafirma que el límite marítimo se aplica conforme al paralelo y en toda la extensión de su zona marítima, no sólo en aquellas secciones que se proyectarían de sus islas. Muestra también el efecto de las líneas de base recta que intersectan el paralelo del límite con Perú, conforme a los tratados de 1952 y 1954. Esta delimitación entrega estabilidad a la frontera, seguridad y solvencia jurídica a la soberanía de Ecuador y no abre espacios de negociación, como lo ha pretendido Perú, que de paso intentaba amagar por esta vía las relaciones entre Chile y Ecuador, y apoyar su reclamación ante La Haya.



La declaración conjunta reafirma legítimamente la soberanía marítima de Chile y Ecuador, respaldada por tratados de más de cinco décadas, vigentes, claros y reconocidos internacionalmente, que establecen el límite marítimo entre los tres países suscriptores, Chile, Ecuador y Perú.



El acuerdo entre los mandatarios es el resultado de una persistente, prolongada y amplia cooperación entre Chile y Ecuador y del trabajo perseverante de sus ministros de relaciones exteriores, de sus embajadores y cancillerías, expresado en una variedad de acuerdos de asociación, complementación y en convenios comerciales, mineros, energéticos, de cooperación cultural y en los más diversos campos sociales, de la seguridad ciudadana, narcotráfico, migratorios y de la defensa.



Los entendimientos alcanzados por los presidente Piñera y Correa y por sus cancilleres anticipan una nueva etapa de fortalecimiento de las relaciones bilaterales a través de los diversos mecanismos institucionales existentes, muy especialmente en el marco del Acuerdo de Asociación suscrito entre ambos países en marzo de 2008 y de los convenios que deben surgir de este encuentro. Para ello ciertamente habrá que trabajar, adoptar compromisos, reforzar las misiones diplomáticas y disponer de los medios necesarios para que puedan cumplirlos.



A la vez, con la visita del Presidente Piñera a Quito se consolidan las relaciones entre Chile y Ecuador como una prioridad y política de Estado, que trasciende a los cambios de gobierno, que supera los intentos foráneos por enfriarlas y que restan toda fuerza a los debates internos que sugirieron presentar riesgos de su desvalorización.

sábado, julio 31, 2010

La bomba de WikiLeaks, por Raúl Sohr.


La bomba de WikiLeaks,

por Raúl Sohr.

El torrente de documentos secretos del Pentágono, filtrados por WikiLeaks, aumenta las ya serias dudas sobre la guerra que EEUU libra en Afganistán. Unos 92 mil documentos sobre órdenes, operaciones e incidentes ocurridos entre 2004 y 2009, dan una imagen de confusión y violación de los convenios internacionales que rigen los conflictos. La conclusión del cúmulo de material reservado que ha salido a la luz es que Washington, y sus aliados occidentales, están muy lejos de la victoria.


Las tropas norteamericanas cumplen una rotación constante en el país asiático. Los talibanes, en cambio, combaten por su país, donde el territorio y el clima hostil son sus mejores aliados. Desde que Afganistán fue invadido, en octubre de 2001, los guerrilleros fundamentalistas saben que para ellos no ser derrotados equivale a vencer. Tarde o temprano sus enemigos deberán abandonar el país. Ya han pasado nueve años y cada uno de los países que combate busca el retiro de sus tropas. Este mes ha marcado el récord de bajas estadounidenses.


Las guerras se libran en varios planos. Uno es el de los campos de batalla y otro, tan decisivo como el anterior en las naciones democráticas, es la voluntad de los pueblos por llevar adelante la lucha. Es en este último nivel donde las filtraciones de WikiLeaks son decisivas. Las revelaciones sobre la ambigüedad del gobierno paquistaní irritarán a muchos norteamericanos. Islamabad recibe una importante ayuda de Washington. Entre tanto, según la documentación, el poderoso servicio de inteligencia paquistaní, el ISI, brinda respaldo a los talibanes.


El gobierno de Islamabad necesita el apoyo de EEUU, pero a su vez sabe que los talibanes, con toda probabilidad, serán gobierno o formarán parte de una coalición que regirá Afganistán. En la capital de Pakistán recuerdan la experiencia de la lucha contra los soviéticos para expulsarlos de Afganistán. Lograda la meta, en 1989, Washington olvidó por completo la región. Lo mismo podría ocurrir ahora y los paquistaníes no quieren enfrentarse con los talibanes como enemigos.


Una de las revelaciones más serias que emerge de los documentos dados a conocer por WikiLeaks, es la existencia de la Fuerza de Tareas 373 (FT 373) cuya existencia era mantenida bajo celoso secreto. Se trata de fuerzas especiales para asesinar enemigos que figuran en listas confeccionadas por el Pentágono. Una cosa es matar en combate y otra eliminar a enemigos que pudieron ser apresados.


Hasta ahora se señalaba que la unidad cumplía misiones de reconocimiento y arrestaba a elementos enemigos. Pero de cientos de documentos queda claro que en muchos casos es una cacería que culmina con la muerte deliberada del perseguido. La lista de la muerte, como es típico en el ámbito castrense, tiene un nombre anodino e incomprensible: Lista Conjunta de Efectos Priorizados. Ella incluye fabricantes de bombas, la jefatura talibana y, por supuesto, los sospechosos de pertenecer a Al Qaeda. No hay cifras precisas sobre cuántos nombres contiene la lista, pero ésta supera los cuatro dígitos.


En uno de los documentos se señala que una unidad de la FT 373 mató a una oncena de insurgentes y a un civil. No se entregan detalles sobre los motivos por los que fueron ultimados. No existe verificación alguna sobre si, en efecto, eran insurgentes ni si no había más opción que matarlos. No se necesita un curso en contrainsurgencia para saber que se predica con el ejemplo. Si las fuerzas que se autoproclaman de una civilización más avanzada recurren al asesinato, ¿por qué no habrían de hacerlo otros?


Un general norteamericano tras otro han reiterado que no se debe matar o herir a inocentes. Porque ello, como es del más elemental sentido común, indigna a la población nativa. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho.



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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/
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