viernes, septiembre 10, 2010

Nidos vacíos, por Roberto Ampuero.

Nidos vacíos,

por Roberto Ampuero.


Nuestros dos hijos se acaban de ir a estudiar a la universidad lejos de casa, algo usual en Estados Unidos.


Después de 20 años de matrimonio, con mi mujer volvemos a estar por primera vez solos. Nuestra casa en el Medio Oeste se siente más grande y silenciosa que nunca. No me atrevo a ir a mi estudio del segundo piso, porque para ello debo cruzar frente a los dormitorios de nuestros "niños", y no resisto ver sus cuartos vacíos, sus camas tendidas y las paredes sin los afiches de sus cantantes predilectos.


Por la mañana ya no hay carreras ni desayunos presurosos para llegar al colegio. Ahora en casa reinan un orden y un silencio propios de un museo. Durante años nos preparamos para este momento, pero no hay preparativo que sirva. La ausencia de "los niños" no tiene explicación para sus padres, simplemente se la experimenta y sufre.


Es el síndrome del nido vacío, afirman nuestros amigos norteamericanos. No es broma en ese país inmenso. Mi hija estudia en Stanford, que queda tan lejos de casa como Bogotá de Santiago, y nuestro hijo en Washington University, de St. Louis, que no está a la vuelta de la esquina. Es la mejor época, iniciarán otra luna de miel, pero ahora con experiencia y sabiduría, dicen algunos para animarnos. Otros admiten que la separación fue definitiva, pues los hijos se hicieron profesionales, y luego se casaron y formaron familia aparte. Ambas cosas son ciertas. Por ello, viajamos en la medida de lo posible, pero intuyendo que puede haberse iniciado la etapa sin retorno.


En rigor, lo sabemos por experiencia propia. Cuando en mi juventud ingresé a la universidad, fue para no regresar al dulce hogar de los padres. La vida me llevó del Pacífico al Caribe, de allí a Berlín y Bonn, luego a Estocolmo y a Iowa City, la legendaria ciudad de los escritores.


Y a mi mujer le ocurrió algo semejante. La trágica muerte de sus padres boicoteó su retorno perfecto de Estados Unidos.


Unas semanas atrás hubo en mi ciudad un encuentro de padres con nido vacío. Compartíamos el mismo dolor. Había matrimonios, parejas, gente divorciada, una madre soltera.


Y había un matrimonio singular para un chileno: lo integran dos mujeres, casadas por la ley civil. Su hijo se marchó el año pasado a la universidad. Los apoderados conocemos su discurso de despedida ante los compañeros de curso. Destacó en él que se sentía orgulloso de sus madres, que las amaba con toda el alma, pues le habían brindado el amor y la protección que sus padres biológicos no pudieron darle, y que él es heterosexual y algún día se casará con una mujer y querrá hijos.


Entre nosotros estaban ahora ambas cónyuges, melancólicas como nosotros por la partida de su "niño", experimentando en su hogar la misma soledad que nosotros en el nuestro, sintiendo cómo el amor se profundiza bajo nuevas formas en parejas en circunstancias semejantes, temiendo, al igual que todos nosotros, que la partida del hijo amado haya sido la definitiva y el nido nunca más vuelva a ser habitado.


Ahora en casa reinan un orden y un silencio propios de un museo. Durante años nos preparamos para este momento, pero no hay preparativo que sirva. La ausencia de "los niños" no tiene explicación para sus padres, simplemente se la experimenta y sufre.

viernes, septiembre 03, 2010

Bicentenario familiar, por Gonzalo Rojas Sánchez.

Bicentenario familiar,

por Gonzalo Rojas Sánchez.

A la espera de que se concreten las celebraciones oficiales, hasta ahora la familia chilena probablemente ha enfocado las suyas propias sólo en el asado con tiquitiquití (o con cumbia, desgraciadamente).


Pero, también en esto, debe operar la subsidiariedad, que no sólo sirve ese gran principio para defender a la familia de las indebidas intromisiones estatales -por ejemplo, en materias de educación- sino también como motor de las iniciativas.


¿Subsidiariedad para el Dieciocho? Lógico: cada familia puede celebrar nuestra Primera Junta de Gobierno en el ámbito en que está capacitada para crecer en conocimiento y en conciencia histórica.

A dos semanas del acontecimiento, se pueden repartir encargos: tú, estudia el origen del apellido; tú, la ciudad donde se instaló primero la familia; a ti te corresponde contarnos de los miembros más destacados del clan; a ti el origen de las comidas que nos alimentarán estos días; tú, estudia la bandera, el escudo y el emblema; y a mí me quedaron la cueca y la tonada (y quizás haya que dar hasta dos encargos por persona, si la familia es pequeña).


Ya, y todo con imágenes si es posible, en simpáticas tertulias (de esas que tanto faltan en la vida familiar) con premios, challas y serpentinas, con sorpresas y juegos anexos.


Se hace para los 50 años de matrimonio de los papás o para recordar a la abuelita recién fallecida ¿y no se va a practicar para un hito tan importante de la Patria?


Hay que hacer Patria, Nación, desde dentro, que eso significan las palabras: lugar de los padres, lugar donde nací.


Familia es Patria, es Nación.

martes, agosto 31, 2010

Excesos del Tribunal Constitucional Pablo Rodríguez Grez.


Excesos del Tribunal Constitucional

Pablo Rodríguez Grez, Decano Facultad de Derecho,

Universidad del Desarrollo.

Nadie podría negar que el Tribunal Constitucional, especialmente a partir del año 2005, ha elaborado una renovada jurisprudencia, transformándose en firme custodio del principio de "supremacía constitucional". El recurso de inaplicabilidad que hace posible, en una determinada gestión judicial, evitar que ella se resuelva en virtud de una ley que contraviene la Carta Fundamental, experimenta, día a día, un crecimiento sostenido. Lo anterior porque mientras este recurso fue de competencia de la Corte Suprema, perdió eficacia, sea por razones meramente procedimentales o por un mal entendido rigor jurídico a la hora de calificar la función de los poderes co-legisladores.

La Ley N° 20.050, que modificó la Constitución el año 2005, despejó otro problema anexo a los efectos del "recurso de inaplicabilidad": la sentencia respectiva tiene -regla general- un alcance relativo, esto es, limitado sólo a las partes que intervienen en él. Fue por ello que se introdujo una "acción de inconstitucionalidad", que permite expulsar del sistema jurídico una norma cuando ella ha sido, al menos una vez, declarada inaplicable y siempre que el tribunal pronuncie el fallo por las 4/5 partes de sus integrantes. Esta acción (no recurso) es popular (puede deducirla cualquier persona, sin necesidad de invocar una gestión pendiente) y sin perjuicio de que sea el propio Tribunal Constitucional el que se avoque de oficio esta materia.

Creemos, no obstante, que, en este contexto, se ha incurrido en un exceso impropio. Estima el Tribunal Constitucional que el recurso de inaplicabilidad obliga a un examen " in concreto " de constitucionalidad, lo que implica decidir sobre su aplicación, vale decir, escoger, entre varias interpretaciones posibles de la norma, cuál de ellas produce efectos contrarios a la Carta Fundamental. De lo anterior se sigue que la contradicción entre la norma legal y el precepto constitucional dependerá del sentido y alcance que esa magistratura dé al precepto objeto de reproche. Ocurre, no obstante, que esta cuestión es de competencia exclusiva del juez y que ella no es transferible al Tribunal Constitucional. Por lo mismo, si entre varias interpretaciones posibles, una de éstas excluye la contradicción, la norma no puede declararse inaplicable, puesto que ésa podría ser escogida por el juez para resolver. La apreciación " in concreto " de inconstitucionalidad vulnera las atribuciones del Poder Judicial y sobrepasa el cometido de que es titular el Tribunal Constitucional. Es cierto que el texto del artículo 93 de la Carta Política alude a la inaplicabilidad "de un precepto legal cuya aplicación en cualquier gestión que se siga" resulte contraria a la Constitución. Sin embargo, ello ni remotamente lo autoriza para desplazar al juez, arrebatándole una de sus facultades esenciales (aplicar la norma por medio de la interpretación). Lo anterior, unido a la exigencia que el mismo artículo impone al recurrente de inaplicabilidad, en cuanto debe acreditar que el "precepto legal impugnado pueda resultar decisivo en la resolución del asunto", revela, claramente, que la interpretación de la norma impugnada sólo puede ser resuelta por el juez, y no por otra magistratura.

En consecuencia, sólo puede declararse inaplicable un precepto legal cuando no existe posibilidad alguna de conciliar su texto, in abstracto , con la norma constitucional. Cuando la incompatibilidad es manifiesta (apreciada como tal por 4/5 de la magistratura constitucional), procede la "acción de inconstitucionalidad" para expulsar la norma afectada del sistema y evitar una sucesión innecesaria de nuevos requerimientos de inaplicabilidad.

Finalmente, debe tenerse presente que el juez que conoce de la gestión en que incide el recurso de inaplicabilidad, debe optar siempre por aquella interpretación que mejor cuadre con el precepto constitucional, porque de este último arranca la validez de la norma legal.

Así las cosas, el Tribunal Constitucional se excede al asignarse una competencia que no le corresponde y fundar su decisión sobre el recurso de inaplicabilidad en una de varias posibles interpretaciones de la norma objeto del reproche de inconstitucionalidad.



lunes, agosto 23, 2010

El enigma del anarquismo, por Pedro Gandolfo.

El enigma del anarquismo,

por Pedro Gandolfo.

La televisión transmite la formalización que el Ministerio Público efectúa a un presunto grupo de anarquistas chilenos, responsables —según la fiscalía— de una serie de atentados con artefactos explosivos y de asociarse para ello, entre otros delitos.

Escudriño sus rostros para intentar desentrañar algún rasgo que los distinga, pero me resultan comunes y corrientes, anodinos, incluso familiares. Conozco a un par de ellos; uno, incluso, hace unos 15 años, fue mi alumno.

El anarquismo, que se configura con distintos matices en la segunda mitad del siglo XIX, es un movimiento político particularmente opaco e inasible. Recomiendo dos estudios recientes que echan alguna luz sobre su historia y pensamiento: “Los anarquistas”, de James Joll, y “El mundo que no fue”, de Alex Butterworth.

No me cabe duda, con todo, de que la versión chilena del mismo es una especie degradada, con un discurso escuálido y confuso, pobre en recursos materiales y con escasos adherentes.

El anarquista (aunque aparenten semejanzas) no es, en estricto rigor, un terrorista, ya que carece de cualquier pretensión de establecer un nuevo orden social. Aunque puede formar parte de redes mayores y actuar como “agente provocador”, su propósito suele ser gratuitamente destructivo y, en esa medida, incomprensible para sus pesquisadores. Las células están integradas por un número pequeño de personas, cuyos miembros suelen llevar una vida cotidiana normal a ojos de terceros; son seres de inteligencia más bien mediocre, de un idealismo elemental y con poca formación educacional.

Entre quienes se han dedicado a estudiar y combatir esta escurridiza amenaza, existe casi unanimidad en torno a que son algunos escritores —grandes escritores, por cierto— quienes, con su intuición y capacidad de observación, han logrado penetrar en los resortes profundos del anarquismo. Me refiero a “Los demonios”, de Fedor Dostoievski, y a “El agente secreto”, de Joseph Conrad.

Sin querer en modo alguno ser pedante, creo que sería de gran utilidad que el ministro del Interior y los fiscales (si no lo han hecho aún, desde luego) leyeran y meditaran estas grandes novelas. Me atrevería a insinuar que, más que el nihilismo metafísico de Dostoievski (que basó su narración en el caso real del anarquista revolucionario Sergei Gennádievich Necháiev, quien mató a su lugarteniente Iván Ivanovich Ivanov, por estar convencido de que era un delator), es en el anarquismo plano, doméstico, mezquino, con la sola épica grotesca de la señora Winnie Verloc, dibujado en un inusual tono de ironía y comicidad por Joseph Conrad (quien, a su vez, basó su novela en un extraño atentado contra el observatorio de Greenwich), donde se encuentran las claves para hoy y aquí.

martes, agosto 17, 2010

La jugada de Fidel Castro, por Andrés Oppenheimer.


La jugada de Fidel Castro,

por Andrés Oppenheimer.

Todo el mundo que está siguiendo las últimas noticias de Cuba se hace la misma pregunta: ¿Qué diablos está tramando Fidel Castro?


Desde el mes pasado, cuando hizo su primera aparición pública en cuatro años, el oficialmente retirado dictador cubano -que cumplió 84 años la semana pasada- no ha parado de mostrarse en público y acaparar los titulares.


Proclamándose completamente recuperado de la dolencia intestinal que en 2006 lo obligó a delegar la presidencia en su hermano, el general Raúl Castro, Fidel Castro ha hecho más de una docena de apariciones públicas desde que lo fotografiaron mientras visitaba el Centro Nacional de Investigaciones Científicas el 7 de julio pasado.


¿Está tratando de socavar la imagen de su hermano Raúl o está tratando de ayudarlo? Hay por lo menos cinco teorías sobre lo que hay detrás del súbito retorno de Fidel Castro a la luz pública:


Teoría N.o 1: Lo hace para mandar un contundente mensaje a los cubanos -incluyendo a su hermano Raúl- de que no hay que desviarse de la ortodoxia comunista en momentos en que los problemas económicos de Cuba están impulsando a muchos en la isla a pensar en reformas económicas de libre mercado.


"Castro está tratando de reafirmar los dos fundamentos esenciales de la revolución cubana: la postura antiestadounidense y el internacionalismo", escribe Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos de la Universidad de Miami en un artículo titulado: "¿Qué está buscando Fidel Castro?".


Teoría N.o 2: Fidel Castro está reapareciendo en público para brindarle apoyo a su hermano Raúl, y para enviar un fuerte mensaje al ala intransigente del Partido Comunista cubano en el sentido de que respalda las reformas económicas limitadas propuestas por Raúl.


"Al hacerse tan visible, Fidel Castro está enviándole un mensaje a la línea más dura del Partido Comunista diciéndole: 'Yo estoy lúcido, estoy al frente, y estoy al tanto del mundo, y no quiero que nadie intente nada contra él"', me dijo en una entrevista telefónica el disidente cubano Guillermo Fariñas, quien se recupera en su casa en Santa Clara, Cuba, después de una huelga de hambre de 135 días.


Teoría N.o 3: Está tratando de acaparar los titulares internacionales para eclipsar la noticia de la muerte del preso político cubano Orlando Zapata Tamayo, y de las protestas de los disidentes que le sucedieron, que constituyeron un dolor de cabeza para la diplomacia cubana. Hasta la reaparición de Fidel Castro, las noticias internacionales sobre Cuba se concentraban en la muerte de Zapata Tamayo y las protestas de los disidentes. Hoy, las noticias se centran en Fidel Castro.


Teoría N.o 4: Está tratando de acaparar los titulares para distraer la atención mundial del reciente acuerdo del régimen cubano con la Iglesia Católica para la liberación de 52 presos políticos, y de la subsiguiente liberación -o más bien, de la deportación forzosa- de 21 de ellos.


Además de desviar la atención mundial de los disidentes, Fidel Castro está tratando de desviar la atención dentro de la isla para evitar que los cubanos interpreten las recientes liberaciones de prisioneros políticos como un signo de debilidad del gobierno, algo que podría estimular a los opositores pacíficos a redoblar sus manifestaciones antigubernamentales.


"Como buen político que es, está tratando de opacar la liberación de los 21 presos políticos que están en el extranjero, y de que cuando se hable de Cuba se hable de él, y no de las liberaciones", me dijo Fariñas.


Teoría N.o 5: Es una cuestión de ego. Fidel Castro -el campeón del narcisismo-leninismo- no podía aguantar seguir jugando el papel de editorialista invisible de asuntos internacionales al que ha estado limitado durante los últimos cuatro años. Ahora que siente que su salud ha mejorado, no ha podido evitar volver al ruedo con bombo y platillo.


Mi opinión: Posiblemente haya algo de cierto en las cinco teorías, pero creo que lo más cercano a la realidad es una combinación de las últimas tres.


No es una coincidencia que la primera aparición pública de Fidel Castro haya sido el 7 de julio, el mismo día en que la Iglesia cubana anunciaba el acuerdo con el régimen para la liberación de prisioneros políticos. Y no es casual que la primera aparición de Fidel Castro en la televisión cubana fuera el 12 de julio, apenas horas antes de que el primer grupo de prisioneros liberados llegara a España y empezara a contarle al mundo sobre los horrores de las cárceles cubanas.


Castro está tratando de lograr que los medios de prensa nos concentremos en él, en lugar de en lo que están diciendo las víctimas de su dictadura militar hereditaria. Y lamentablemente todos estamos cayendo en su trampa.

Fidel Castro no podía aguantar seguir jugando el papel de editorialista invisible de asuntos internacionales.

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