martes, septiembre 11, 2007

AL 11.
José M. Flores Burgos.
Al 11/09/1973 yo tenía 20 años, estudiaba tercero de Ingeniería en la U, era dirigente de alumnos y vocal de la FECH. Realizaba activismo político-sindical en el Cordón Vicuña Mackenna. Por orden del Departamento Nacional Sindical del Partido Socialista, milité en el PS desde los 14 años de edad, como dirigente secundario.
El 11 fui destinado a apoyar la resistencia en la empresa IRT del Cordón, esperando armas para defender el gobierno popular. Se suponía que gente con preparación paramilitar nos apoyaría. Por la ineficiencia de nuestros dirigentes de entonces, no existió tal apoyo.
Teníamos la certeza de que se aproximaba un golpe militar: todos estábamos conscientes que íbamos a enfrentar un período duro, de sangre y fuego, y esperábamos resultar vencedores. Los riesgos los teníamos claros.
Sin armas, sin medios de defensa ni de ataque y con escasos obreros, fui detenido el 12/09 por FF. EE. del Ejército que allanaron las fábricas, donde no hubo ninguna resistencia. Fui trasladado al Estadio Chile y cerca del día 18 o 19/09 llevado al Estadio Nacional. Trasladado a los camarines bajo la marquesina, no vi la luz del sol hasta pocos días de ser evacuado el Estadio. Junto a muchos otros fui dejado en “Libertad Condicional” ¿Por qué? Hasta hoy lo ignoro.
Desde que fui detenido hasta que comí la primera comida pasaron ocho días. Fui torturado en muchas de las formas ahora conocidas y relatadas por otros prisioneros en el Informe. Creo que fui de los primeros detenidos desaparecidos que hubo: compartí la celda-camarín con muchos que ocupan cargos importantes de gobierno, con sacerdotes, con periodistas extranjeros y nacionales, extranjeros y compañeros de partido. Supe de hombría y solidaridad. Sufrí lo inimaginable; no sé cuántas veces fui objeto de simulacros y otros tormentos, que hasta la fecha no los he mencionado ni los mencionaré. ¿Para qué? ¿Para hacerme sentir un mártir de la causa? ¿Para satisfacer las necesidades de voyerismo político de algunos? ¿Para calmar el sadismo político de otros que les encanta escuchar sobre torturas? ¿Para encontrar chivos expiatorios en terceros? ¿Es que acaso mi dolor y el de mi familia se borrarán con el relato de torturas?
Yo no rasgo vestiduras. Asumo lo que me tocó vivir en esa época y en esas fechas y en esas circunstancias. Por eso no concurrí a declarar a la Comisión : porque yo sabía en lo que estaba metido y lo que podía pasar. No sentí miedo ni temor al sufrimiento: sólo impotencia, por no haber contado con los medios para haber sido nosotros quienes tuviéramos el sartén por el mango. Rabia, porque muchos de quienes nos indujeron y a quienes veíamos como nuestros líderes en la tarde del 11 estaban asilados.
Pero hacerme pasar por víctima, ¿víctima de qué, si yo también, a pesar de mi juventud, sabía lo
que se venía y a lo que estábamos expuestos? ¿O los compañeros de entonces me van a decir que no sabían lo que podía venir con un golpe? No pudimos ni supimos prepararnos, ni mucho menos evitarlo. Que el golpe borró de un plumazo mi carrera de Ingeniería, tal vez. ¿Que tuvo mucho costo personal? Es cierto. ¿Que murieron muchos inocentes? Es verdad. ¿Que el golpe me dejó una herida abierta? Claro que sí, pero el tiempo se ha encargado de cerrarla, aun cuando es imposible borrar la cicatriz que tengo en el alma. Pero asumo, y por eso no concurrí a la Comisión.
Conozco personas detenidas por diferentes circunstancias, sin torturas físicas, por breves períodos de tiempo y que han declarado ante la Comisión. Allá ellos, y si les satisface o no la pensión que les entregarán. Me duelen mucho los comentarios de amistades que al enterarse que no fui a la Comisión me han tratado de torpe, ya que no tendré una pensión. La gente se ha vuelto más materialista. Pero no usufructuaré de una situación y de una ventaja económica por haber hecho y actuado como lo hice y obré hace 30 años.
El que casi un 70% de quienes declararon ante la Comisión hayan sido por situaciones de los primeros meses del golpe me parece un aprovechamiento de unos cuantos, pero allá ellos. Un deseo tal vez masoquista de decir yo fui torturado y por eso el Estado me debe una compensación.
Asumo mi propio mea culpa sin chivos expiatorios ni caza de brujas. Tratando de entender el contexto histórico en el cual todos fuimos presa de un odio y pasión política que ojalá nunca más vuelva a ocurrir. Ahora es fácil cargarse la culpa los unos a los otros. Ahora es fácil hablar de la locura de esos años, pero creo que es muy difícil hacerlo mediante una reflexión honesta, pura, sin odios y transparente como la que he tratado de relatar.
Por ello no fui a declarar a la Comisión, y eso me tranquiliza.

Nota de la Redacción: Aunque no compartimos el análisis ni la descripción de hechos, nos parece respetable, además de honesta, la explicación y las actitudes de quien suscribe estas líneas. Debiera hacernos meditar a todos, de todos los sectores, pues algo no funciona en una sociedad en la que la “explotación” de las miserias humanas se utiliza con fines económicos.

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