jueves, noviembre 19, 2009

¿Vehemencia o demencia?



Parecido, pero muy diferente.

Aunque suenen parecidos hay una distancia inmensa entre la vehemencia y la demencia que demuestran algunos Gobernantes de nuestro mundo, sea este el actual o sea que nos referimos a tiempos pretéritos.

Personajes como Hitler, Stalin, Pol Pot, Chávez, Castro o García tienen en común un accionar desquiciado destinado a imponer sus torvos designios, claro, algunos de ellos en dimensiones un poco menores.

Es bueno y hasta deseable que los humanos defendamos nuestros puntos de vista de manera apasionada, lo que resulta inaceptable es que utilicemos argumentos falaces o moralmente inaceptables.

Creemos que el mundo esta en una encrucijada, o elije la decencia amparada por los valores que han permitido la subsistencia del humano, o simplemente caeremos en situaciones de bestialidad lamentables.

Cada uno de los nombrados en esta nota ha recurrido en sus países, en tiempos relativamente recientes, a los más bajos instintos para lograr sus afanes hegemónicos o sus mesiánicas ansias de poder.

Todos tenemos el derecho, más bien el deber, de defender nuestros principios desde la base que nos dan nuestros propios valores, pero sin recurrir a estridencias, descalificaciones o simples falsedades.

Hay políticos que subordinan la escala valórica que han pregonado durante sus vidas a los mezquinos intereses de sus agrupaciones políticas o a sus desmedidos afanes de protagonismo y poderío.

Consideramos que por la limpieza de la actividad pública hay una reforma inevitable, la transformación de las promesas electorales en exigibles, en caso de incumplimiento configurar la estafa social.

La vida de la gente pública, que tiene tantos defectos como nosotros, debe ser intachable pues son el espejo en el que se mira la sociedad y sus actitudes son objeto de imitación social.

El lugar de los orates es el manicomio, si les entregamos la conducción de los países es seguro que las cosas terminarán mal y que el pueblo pagará en sufrimientos las torpezas de los Gobernantes.

Si no lo creemos miremos en la historia reciente los resultados, y los dramas que han provocado los sujetos a que nos referimos y muchos otros que por la escasez del espacio no alcanzamos a reseñar.

Nuestros votos son nuestra porción de la soberanía popular, emitamóslo con sabiduría y después de haber meditado a conciencia, de nuestra sabiduría depende el futuro del país.

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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/