sábado, abril 24, 2010

Hugo Chávez no conoce a Bolívar, por Nicole Etchegaray Thielemann .


Hugo Chávez no conoce a Bolívar,

por Nicole Etchegaray Thielemann (*)

Con Hugo Chávez y sus invitados frente a los restos de Simón Bolívar, comenzaron esta semana las celebraciones del bicentenario de la Independencia en Venezuela. Era un gesto esperado. Chávez asegura que su norte político son los “valores bolivarianos” y lo venera como a un semidios. Para él, simboliza la lucha por una Sudamérica fuerte y unida en torno al socialismo, libre de todo poder "imperial".

Pero según la oposición venezolana, la figura de Simón Bolívar ha sido manipulada por el controversial líder. De acuerdo con esta interpretación, Bolívar era un liberal para su época, un republicano que buscaba la industrialización del continente, que no veía en la clase empresarial al enemigo, ni a Estados Unidos como el mismo demonio.


¿Cuál de los dos fue realmente Simón Bolívar? La verdad es que ninguno. Simplificando al personaje al máximo, fue un líder impulsado por dos grandes obsesiones: la primera, aniquilar todo vestigio de dominio español en América, el imperio que mantenía “encadenado” al mundo criollo al que pertenecía. Luego, la integración sudamericana, la idea de una gran nación federada, unida por una misma cultura, religión y lengua. En eso, claramente Chávez da en el blanco. Reemplaza a España por Estados Unidos y el sueño de la Gran Colombia por una organización tipo ALBA. Y el mismo patrón parece repetirse dos siglos más tarde.


Pero los detalles, como sabemos, marcan la diferencia. Una diferencias cualitativa.


Para comenzar, Bolívar no fue socialista. Vivió cómodamente en una sociedad regida por una pequeña elite blanca que concentraba el poder, y que se sustentada en el trabajo no remunerado –muchas veces esclavo- de la inmensa mayoría de la población. Su lucha independentista, especialmente en sus inicios, fue para deshacerse del dominio español, no para liberar a su sociedad de los privilegios de clase que él mismo gozó.


Lo que realmente ofuscaba a Bolívar era la posición de sumisión política del mundo criollo ante España, su anhelo de acceder a una posición de poder que la corona española negaba a los “no españoles”. Por lo mismo, a pesar de que el ideal de igualdad de la revolución francesa flotaba en el aire, sólo tardíamente se preocupó de la abolición de la esclavitud, y aún entonces le puso precio a la libertad: dos años en el ejército patriota. “¿Qué medio más adecuado ni más legítimo para obtener la libertad que pelear por ella? ¿Será justo que mueran solamente los hombres libres por emancipar a los esclavos?”, afirmaba en 1820.


En términos de organización política y democracia, Bolívar tampoco fue un adelantado. En el Manifiesto de Cartagena de 1812, afirmaba que “nuestros conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por sí mismos y ampliamente sus derechos; porque carecen de las virtudes políticas que caracterizan al verdadero republicano”. Así, en la Constitución que redactó para Bolivia en 1825, proponía un gobierno que mantenía intactas las condiciones de privilegio de la minoría criolla y privilegiaba el orden frente a la justicia social. El gobierno “popular representativo” que proponía estaba formado por un Presidente vitalicio -con derecho a elegir a su sucesor- y un Senado hereditario. Todo ello, para evitar a toda costa las elecciones, que consideraba “el gran azote de las repúblicas”.


Quizá en esos rasgos, menos recordados públicamente por Hugo Chávez, Bolívar es su verdadera y central inspiración. Decidido a perpetuarse en el poder, busca encarnar al presidente vitalicio cuyo destino es imponer el bien. Pero Bolívar apoyaba la separación de los poderes del estado, y una de sus frases políticas más recordadas: "huid del país donde uno solo ejerce todos sus poderes; es un país de esclavos”, contrasta con la decisión de Chávez de minar la independencia del poder judicial y el legislativo.


Así es que cuidado con las simplificaciones, chavistas y antichavistas. Simón Bolívar fue un hombre culto y bastante sensato, que en algunos ámbitos representó ideales políticos de vanguardia, pero en otros simplemente fue eco de su propia época, una que aún no se libraba por completo del antiguo régimen, mantenía verdaderos sistemas de castas y poco entendía del respeto a los derechos humanos más básicos, entre ellos la libertad de expresión. Es de esperar que los líderes contemporáneos sí entiendan todo lo que en 200 años se ha avanzado.


(*) Nicole Etchegaray Thielemann es periodista y Magíster en Ciencia Política. Además, se desempeña como académica de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales. Artículo tomado de Diario La Tercera.


Archivo del Blog

Acerca de mí

Mi foto
Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/