miércoles, abril 09, 2008

Compromiso anti-corrupción

Hemos seleccionado la imagen de Ricardo Lagos Escobar para este artículo
por considerarlo el "introductor" de la corrupción en Chile.

La lucha contra la corrupción no es un tema netamente semántico, implica, y eso es claro, un compromiso irrenunciable de combatir, denunciar, no aceptar, la especie, disputándole, incluso con fuerza, los campos que ya ha ganado.

Pensamos, esto con toda sinceridad, que nuestras autoridades carecen de la idoneidad moral necesaria para este combate, porque o se han hecho los lesos, han protegido a los responsables o simplemente han actuado como cómplices.

Hemos sido testigos de decenas de iniciativas oficialistas, por cierto muy publicitadas, en los momentos duros de las denuncias, pero, que en la medida de la baja de la intensidad de la presión ciudadana han quedado en el olvido,

Pero, si por esta vía hasta se legalizó los sobresueldos, se legisló sobre funciones “criticas”, se han anunciado centenares de proyectos de transparencia o se ha anunciado miles de acciones destinadas a moralizar la administración.

Creemos que no basta una “dirección” de empresas del Estado que solo elige entre los militantes de la coalición oficialista o los llamados públicos a concurso manejados para que las pegas queden en manos de los amigos.

Lo que le hace falta al país es un cambio de mentalidad de quienes accedan al poder, reemplazando la de “conquistadores”, que asolan la caja Fiscal, por la de Servidores Públicos, con un gran sentido de la responsabilidad.

Resulta lamentable que para quienes nos han gobernado estos 18 años su llegada al poder ha transformado al Gobierno es una Agencia de Empleos, en un caja pagadora de favores políticos o un lugar donde instalar a familiares incapaces.

Las empresas del Estado han sido abarrotadas de “compinches” o parientes, tengan o no las competencias necesarias, asegurando, así de paso trabajadores “voluntarios” para las campañas y el posible desvío de algunos fondos.

La Administración Publica chilena, otrora admirada por capaz y honesta, no se ha corrompido, lo que pasa es que ha sido atacada por los “de confianza” oficialista que con su ilícitos han devastado su prestigio.

Definitivamente Chile no es un país corrupto, nuestra gente es mayoritariamente sana, lamentablemente se han enquistado en la administración, verdaderas colonias mentales, que han inyectado un feroz infección que descompone todo.

Las formas de corrupción son muchas, van desde el robar, a tapar, pasando por la complicidad absurda del proteger, hasta el designar a gente no capacitada para los cargos y, ciertamente, que estas los acepten.

En el ámbito privado se da, por la intención de comprar voluntades. Por el trabajo mal realizado, por el robo hormiga, por el pago de remuneraciones indignas o por la evasión de la integración de los fondos provisionales o impositivos.

Como creemos haber demostrado la lucha contra la corruptela no es un problema de palabras, es una forma de enfrentar la vida, una filosofía, que sin duda sobrepasa las capacidades de quienes nos están gobernando.

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