jueves, abril 21, 2011

De Sierra Maestra a "Jurassic Park", por RobertoAmpuero.


De Sierra Maestra a "Jurassic Park",

por Roberto Ampuero.

¿Qué novedades reporta para los cubanos el reciente congreso del Partido Comunista? Al menos tres. La primera: formalmente Fidel Castro dejó el poder, tras ejercerlo 52 años. La segunda: los Castro pueden permanecer 10 años más, porque establecieron un límite (cinco años, con una reelección) para altos cargos. La tercera: se aprobaron medidas -derecho a compraventa de auto y vivienda; traspaso de tierras estatales a campesinos, y autorización de actividades privadas mínimas- para paliar la eterna crisis económica de la economía estatal.



No se puede examinar esta situación sin una dosis de ironía. 52 años en el poder es un récord sin parangón, casi la mitad de la vida independiente de Cuba. Notable en quien jamás ganó elección alguna en escuela, universidad, colegio profesional o votación antes de 1959, pero que desde el poder arrasó por voto unánime en toda consulta. Para los chilenos es como si, hasta el lunes pasado, nos hubiese regido alguien que asumió con Jorge Alessandri. Y todo esto en un régimen de partido único y economía pauperizada, en tensión con su socio comercial natural, y con un exilio difamado desde La Habana.



No faltará hoy quien celebre al comandante por su memoria, su resistencia al embargo estadounidense, los delicados tratos que les dispensó o la acogida que brindó a exiliados del régimen militar. Pero a los políticos, especialmente a los dictadores -me quedó claro viviendo en Cuba-, no se los debe evaluar por sus actos privados, sino por su gestión pública. Evaluarlos por su vida privada es peligroso: Stalin adoraba a su hija, Hitler amaba a su mascota, Ceaucescu vivió enamorado de su mujer, Somoza fue generoso con su sastre.



Notable también es anunciar a los 80 años, desde el poder, que se permanecerá allí "sólo" 10 años más. Más que fe en la salud propia, veo el deseo de asegurar funeral con parada militar. Igualmente notable es criticar al sistema que se controla desde 1959 por no haber tolerado la aparición de relevos, cuando los ex delfines fueron fusilados, encarcelados o vagan sin empleo por la isla. Al final, el conteo de protección de 10 años confirma algo clave: no hay discrepancias entre los Castro en torno a la conveniencia de morir en el poder, sino sobre el itinerario del desplome del sistema. Para el mayor, las reformas son el comienzo del fin; para el menor, la salvación. Fecha oficial de caducidad de los Castro: 2021. Hay tiempo para apuntalar relevos (suenan tres de la dinastía) o esperar la llegada del diluvio.



En medio de la parada militar, ciudadanos de uniforme y niños que desean a coro larga vida a la gerontocracia, entre acuerdos que ratificaron la cúspide partidaria, se ignoraron demandas en que tanto las revoluciones anticomunistas como las del mundo árabe hoy ponen énfasis: pluralismo, democracia, derechos individuales. Raúl Castro pretende imitar el modelo chino y vietnamita, que combinan la actividad estatal y privada con férreo dominio del partido. Surge la interrogante de si la carta no salió tarde de la manga.



Cuando los cubanos vean que la revolución se mantiene sobre la línea de flotación sólo gracias al turista, a cierta actividad privada y a las remesas de Estados Unidos, ¿estarán dispuestos a seguir tolerando la estructura que asfixia los espacios de la iniciativa económica como política?



Al parecer, los Castro comparten hoy una nueva convicción: la permanencia indefinida en el poder es letal para cualquier país. De poco sirve eso a la isla y a quienes murieron o han vivido bajo un régimen que ahora pretende llegar a cumplir 62 años. Los jóvenes barbudos de ayer son hoy los últimos dinosaurios.

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