sábado, octubre 30, 2010

Democracia, un requisito. República, una necesidad, por Alberto Medina Méndez.


Democracia, un requisito. República, una necesidad,

por Alberto Medina Méndez.



En tiempos de idealización cívica, muchos dirigentes y demasiados ciudadanos se han hecho fundamentalistas de los principios de la democracia. Suponen que con ella es suficiente y que resuelve todos los problemas.



Creen que ese término los habilita para hacer y deshacer según se los posibilita la sumatoria de voluntades que logran reunir en una situación de coyuntura. Han convertido un concepto relevante en un mero ejercicio aritmético donde el que tiene la mayoría puede imponer su voluntad de modo discrecional, sin rendir cuentas, mas que a sus propios votantes.



Aun quedan unas pocas dictaduras en el mundo. Se las cuestiona en cuanta discusión se plantee, en cuanto foro internacional se presente. Las democracias ganaron terreno y queda claro que es un gran paso que así haya sucedido.



Pero no habrá que confundirse si aspiramos a vivir en un mundo mejor, mas justo, mas equitativo. La democracia es una doctrina que permite dirimir diferencias, un mecanismo que resuelve que hacer cuando no logramos acordar como comunidad, pero lejos está de ser la panacea. Su llegada permitió poner en manos de la ciudadanía los asuntos públicos, pero una democracia sin república nos lleva irremediablemente al gobierno de los caprichos, al reinado de los berrinches, al infantilismo de las mayorías.



La democracia es el requisito, el medio, pero de ningún modo puede constituirse en el fin último de un sistema político. La república es el mecanismo por excelencia que posibilita una convivencia pacifica, ordenada, sensata, donde los antojos del presente no pueden imponerse con tanta facilidad.



Y no es que la republica proponga un esquema infalible. Adolece de grandes inconvenientes, y hasta puede cometer injusticias, pero es su esencia, la del contrapeso del poder, la del mecanismo de balanzas que se compensan unas con otras, garantizando el inestable equilibrio que nos debe gobernar.



No es perfecta la republica, pero puede evitar los abusos, desterrar los atropellos y amortiguar el impacto de las decisiones intempestivas. En fin, puede jugar su rol, el de asegurar una cuota de sentido común, de sensatez, de prudencia y madurez. A veces lo consigue, otras no, pero en todo caso funciona como una red de contención adicional, para sortear los paraísos que parece proponer una democracia frágil.



Las sociedades que han logrado avanzar, que consiguen progresar de modo sostenido e inteligente, tienen en común la fortaleza de sus instituciones. Eso supone saber que ellas no son perfectas, que sus decisiones no son siempre las óptimas, pero que en el balance general, respetarlas, aceptarlas, trae consigo prosperidad y equidad.



Algunas comunidades lo comprendieron, y lo ejercitan a diario, no sin contratiempos de tanto en tanto. Otras, aun prefieren los vaivenes de las mayorías circunstanciales, el fundamentalismo de las matemáticas.



Habrá que saber distinguir entre los que usan la democracia y los que abusan de sus virtudes. No todos creen en ella. Muchos solo la usurpan para utilizarla como puente entre su presente y sus objetivos Los que creen en ella fervientemente, la defienden aun cuando el sistema les de la espalda. La democracia es mucho más que un concepto algebraico. Ya no se trata de quien suma mas, se trata de consensos, de acuerdos, de búsqueda de puntos en común para una construcción ciudadana.



Los que lo comprendieron y lo aplican cotidianamente, lo saben porque disfrutan de esas bondades. Pero para aquellos que no aprenden de sus errores, y se dejan tentar por las tentadoras burbujas del poder, utilizando a pleno las potestades que se derivan de las circunstanciales mayorías, una dosis importante de republica, resuelve la cuestión y pone freno efectivo al desatino.



El equilibrio de los poderes, los contrapesos, el balance de fuerzas, mecanismos de control cruzado, de supervisión y seguimiento combinados, hace que todos cumplan con su rol, y se aseguren de que el engranaje propio funcione, para que el todo no se detenga y encuentre en ese movimiento, la armonía, la cadencia, la mesura que todos precisamos en estos tiempos de pretendida mayor civilidad.



Algunos sostienen que se trata de cumplir el proceso de maduración político para llegar a ello. Son los que entienden que el paso del tiempo aporta esa templanza necesaria para asumir los errores del pasado y corregirlos hacia el futuro. Pero tal vez no se trate de eso y sea mucho más simple. Es posible que solo se trate de creer en ello, de asimilar los mecanismos republicanos, y adherir férreamente a sus principios, para lo que resulta imprescindible, olvidarse de los nombres y apellidos, de los personalismos, de los coyunturales líderes del presente.



Los sistemas perduran, si logran solidez, mucho más allá de los hombres. Consolidar la democracia, fortalecer la republica no es una tarea de tiempos, de procesos de maduración, es un asunto que tiene que ver con las convicciones, de entender que es lo mejor para una sociedad y creer en ello. Ya no se trata de lo que conviene, sino de lo que corresponde, aunque no convenga.



La inmediatez del corto plazo que nos propone la vertiginosidad de este tiempo, hace que intentemos llevar esa dinámica cotidiana a la política. Por otro lado, el avance del Estado y los gobiernos sobre las libertades individuales ha significado que la política controle más allá de lo imaginable, la actividad de los ciudadanos.



Esos mecanismos parecen obligarnos a un contacto mas fluido con el sistema político con el que hay que confrontar a diario. Y esa inmediatez parece obligar a sumar votos, a tener mayorías, solo para imponer criterios de unos sobre otros, dejando así de lado el dialogo, los acuerdos, y sobre todo las decisiones voluntarias.



Tal vez debamos revisarnos esta adicción por intimidar como medio para someterlo a la voluntad de otros. Esta dinámica está muy lejos del espíritu de las democracias concebidas como un modo de que la sociedad conduzca el rumbo. Termina pareciéndose mucho a los regimenes despóticos, autoritarios y dictatoriales, esta vez disfrazados con un ropaje más prolijo.



Necesitamos democracia, mas democracia, porque es un requisito indispensable, pero sin los contrapesos de la republica, no lograremos avanzar lo suficiente.




PUBLICADO EN EL DIARIO EPOCA DE CORRIENTES, ARGENTINA, EL JUEVES 28 DE OCTUBRE DE 2010

Don Alberto Medina Méndez puede ser contactado por las siguienetes vías:

Correo electrónico : amedinamendez@gmail.com, Skype: amedinamendez y tambien en su página Web: www.albertomedinamendez.com

miércoles, octubre 27, 2010

Nueva etapa, por Eugenio Tironi.

Nueva etapa,

por Eugenio Tironi.

Cuando se analiza lo que ocurrió en la mina San José, la primera tentación es calificarlo como milagro, o bien fruto de un liderazgo divinizado. Pero no; fue una puesta en escena de las competencias que Chile ha venido reuniendo a lo largo de su historia. Éste ha sido, por siglos, un país minero. Hay, pues, cultura, formación y tecnología mineras de clase mundial. Todo esto se desplegó en la impecable operación de rescate, ante los ojos del resto de los chilenos y del mundo. Chile es, también por siglos, un país con un Estado fuerte y respetado, incluyendo su gobierno, su policía, sus Fuerzas Armadas. Con pocas empresas en manos estatales, entre ellas Codelco, que se manejan con criterios económicos y no políticos. El rescate no habría sido posible sin estas condiciones de base.


Cuando se habla en el extranjero de "lo bien que se hacen las cosas en Chile", hay que tener en cuenta cuestiones que ni siquiera los chilenos apreciamos en todo su significado: la calidad de sus instituciones y de sus liderazgos; su nivel de educación, puesto de manifiesto en la capacidad y templanza de sus trabajadores y técnicos; la competencia de sus empresas, muchas de ellas en las ligas mundiales, y el sentido de solidaridad de su población, forjado en las catástrofes que recurrentemente lo golpean.


Chile es un país resiliente. Está sometido periódicamente a terremotos que destruyen lo que sus habitantes han levantado, el último de los cuales tuvo lugar apenas hace siete meses. Sabe, por ende, no amilanarse ante las tragedias, y sabe también pararse nuevamente desde las ruinas. Pero sus terremotos no han sido solo geológicos: han sido también políticos. El más doloroso fue el golpe militar de 1973, y la dictadura que le siguió, que implantó un cambio radical en su modelo de desarrollo. Pues bien, Chile también absorbió este cambio, y logró reconstruir con éxito su economía y su democracia. De lo último, la mejor prueba es que después de 20 años en el gobierno, la coalición política que sustituyó a la dictadura fue derrotada en elecciones limpias por una coalición cuyos líderes, en su gran mayoría, estuvieron con Pinochet: no obstante, la transición se ha realizado sin tropiezo alguno.


Los chilenos de hoy son optimistas de las oportunidades que les ofrece su país, y confían en que su esfuerzo será premiado. Esto hace soportar niveles de desigualdad y de riesgo que en otros países serían intolerables. Pero algo cambió en la conciencia del país con lo ocurrido en la mina San José. Ciertas afirmaciones, por ejemplo, ya no son tolerables: por ejemplo, que el exceso de celo en la seguridad laboral afecta la competitividad, o que hay que terminar con los "ejércitos de fiscalizadores". Y, en otro plano, después de que el país fue testigo de la lección de colaboración, inteligencia y liderazgo que dieron los mineros, es difícil insistir en que la participación y organización de los trabajadores son negativas para las empresas.


Sí, la imagen de Chile ante el mundo ha cambiado porque Chile ha cambiado. Por eso mismo, en vez de lanzar frases arrogantes, ahora hay que hacer las tareas pendientes. Chile ha probado que ya posee los grados de fe en el futuro, de ansias de recompensa, de solidez institucional y de capacidad empresarial sin los cuales no es posible el desarrollo capitalista; pero aún carece de la cultura de respeto a los trabajadores, del grado de asociatividad de los mismos y de los mecanismos de contención de los animal spirits, sin los cuales no es posible un desarrollo más humano. Si ahora se avanza en esta nueva etapa, la epopeya de los mineros será aún más imperecedera.


viernes, octubre 22, 2010

Bullying: el Congreso marca la agenda, por Marcela Cubillos


Bullying: el Congreso marca la agenda,

por Marcela Cubillos.

Sólo un número muy reducido de las leyes que entran en vigencia es de origen parlamentario. Es difícil para diputados y senadores convertir en ley los proyectos que presentan. Es el Poder Ejecutivo el que define las urgencias, y, por tanto, el que lleva el control de la tabla de las sesiones de la sala y de las comisiones.


Sin embargo, a pesar de estas dificultades, hay buenos ejemplos en nuestra historia parlamentaria de importantes proyectos que han tenido su origen en una moción de los legisladores: postnatal para padres, voto voluntario e inscripción automática, reconocimiento de los pueblos originarios, etc.


La ley de convivencia escolar o “bullying”, actualmente en tramitación en el Senado, es un ejemplo más de que cuando el Congreso se hace cargo de un problema real, del modo adecuado, termina marcando la agenda.


Hemos conocido casos dramáticos en nuestro país de adolescentes que no resisten el hostigamiento de sus compañeros y terminan incluso en el suicidio. Del mismo modo, hay colegios que han sido llevados, por padres de familia, hasta la Corte Suprema, por el hecho de haberse atrevido a tomar medidas disciplinarias en contra de un alumno agresor.


Un grupo de senadores, representantes de todos los partidos políticos, elaboró un proyecto de ley que se está discutiendo hoy en el Senado para hacerse cargo de este tema. La iniciativa parlamentaria ha pasado a marcar la agenda del propio Ministerio de Educación en el ámbito legislativo. Es así que, para el Día del Profesor, el ministro Lavín le llevó de regalo al presidente del Colegio el proyecto de los senadores y las indicaciones parlamentarias.


El Congreso se hizo cargo de un problema real y tomó la iniciativa. El llamado hoy es a que durante su tramitación siga escuchando, ahora a los colegios, a los educadores, a los que deben convivir a diario con niños agresores y agredidos, con padres comprometidos con la convivencia escolar y otros que sólo quieren impunidad para sus hijos, con profesores respetados y otros maltratados. Muchas leyes fracasan en su objetivo original porque al final se escucha a demasiados “expertos” y a pocos “actores reales”.


El camino que ha seguido el Congreso en este tema es el correcto y demuestra cómo una iniciativa parlamentaria transversal puede terminar convirtiéndose en ley y siendo un aporte significativo para la solución de un problema que aflige y preocupa a toda la comunidad escolar.

viernes, octubre 15, 2010

Necesidad de equipos y dirección..... por Mario Montes.


Necesidad de equipos y dirección.....

por Mario Montes.



Buenos equipos dirigidos con conocimientos, voluntad y con un fin claramente determinado casi siempre garantizan resultados sobresalientes, inclusive, como en el caso de los mineros que pasaron 79 días sepultados en la mina San José, en las cercanías de Copiapó.



Lo mismo sucede con el rescate en Atacama, la dirección de Sebastián Piñera, junto a su determinación de hacer todo lo posible por rescatar a nuestros hombres, quipos de excelencia como los Ministro Golborne y Mañalich, entre mucha gente, lograron lo increíble.



No solo se rescató a los trabajadores, un hecho inédito en la historia del mundo, se les sacó de las profundidades vivos y con una salud bastante aceptable, a pesar de haber pasado hambre, extremas tensiones y la cuasi certeza que no saldrían vivos de la experiencia.



Sin duda alguna los chilenos estamos orgullosos por la increíble resistencia y el valor de nuestros hermanos mineros, 32 chilenos y un boliviano, pero también estamos agradecidos por el ejemplo de capacidad de trabajo, lealtad y voluntad que nos han demostrado.



También estamos inmensamente agradecidos del Gobierno del Presidente Piñera, que nos demostró que las cosas se pueden hacer bien “a la chilena” con la sola condición de tener a los mejores en los cargos directivos, formando equipos, bajo una dirección sólida.



No queremos comparar el manejo de este doloroso evento con la manera en que se condujeron otras Autoridades en momentos críticos recientes, pero si podemos resaltar que tenemos un pueblo de una madera especial, necesitando buenos conductores para que ningún proyecto nos resulte imposible.



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