sábado, junio 18, 2011

Una democracia en medio de ciegos, sordos y mudos, por Margarita María Errázuriz.


Una democracia en medio de ciegos, sordos y mudos,

por Margarita María Errázuriz.



En los últimos días, las palabras diálogo y acuerdos han estado muy presentes. Todos esperamos que quienes dialogan no lo hagan como si fueran sordos. También hemos presenciado movilizaciones. Temo que muchos de los que caminan lo hagan como si fueran ciegos. Además, hay un grupo mayoritario que es mudo. No sé cuál situación es peor para una democracia.



Desde esta perspectiva, los acontecimientos actuales nos permiten distinguir tres grandes grupos sociales.



El primero lo constituyen quienes protestan. Las marchas se han convocado frente a situaciones tan concretas como HidroAysén o el tema de la educación. Muchos las celebran, porque estiman que es como salir de un letargo: aplauden que haya movimiento, expresión social. Sin negar lo anterior, en estos casos específicos estimo que los planteamientos de quienes protestan se hacen de forma tal, que afectan la esencia del juego democrático. La convocatoria y el espacio que abren a la agresividad generan una intolerancia que atenta contra un debate informado, capaz de evaluar prioridades mirando el bien común. Este grupo actúa como si no viera lo que sucede alrededor. Ello es grave. Los temas en cuestión son dimensiones estratégicas para el desarrollo del país y la calidad de vida de sus habitantes. Requieren ser debatidos situándolos en el contexto más amplio del cual forman parte. Cabe agregar que, en el caso de los estudiantes, su comportamiento constituye una paradoja: junto con representar una situación extrema en el sistema democrático, dado que en su gran mayoría rechazan la participación electoral —no votan—, son los que más quieren ser escuchados, los que más quieren estar presentes.



El Gobierno y los dirigentes políticos conforman el segundo grupo. Pese al rol que juegan en el sistema democrático, pareciera que no oyen a la ciudadanía. Su discurso presente se focaliza en la necesidad de escucharse, de no obstruir las iniciativas, de hacer avanzar al país. Enfoque que está cruzado por recriminaciones entre coaliciones, entre los partidos y al interior de las colectividades. Todos están enfrascados en evaluar cuánto espacio se abre para el diálogo “entre ellos” frente a propuestas concretas que no necesariamente están vinculadas con los intereses de la ciudadanía, o buscan subsanar el rechazo que ésta les expresa. En medio de dicho rechazo general, muchos juegan al ajedrez político, desprestigiándolos a todos. No escuchan o no quieren hacerse cargo de que lo que se les pide es una profundización del juego democrático.



El tercer grupo es el de los pasivos. Son los que comentan en los pasillos o desde un cómodo sillón. Su característica es que no hablan en público, no se expresan directamente y sus opiniones hay que deducirlas a partir de los resultados que aparecen en las encuestas. De acuerdo con la última realizada por Adimark, rechazan mayoritariamente al Gobierno, a la Alianza por el Cambio y a la Concertación. Sus integrantes parecen observar, o toleran lo que sucede como si no los afectara. Votan cuando corresponde y con ello se dan por cumplidos. No les interesa hacer oír su voz. Esta es la gran mayoría de la población. Creen cumplir con el juego democrático, pero su indiferencia con lo que sucede en la sociedad los hace cómplices de su debilitamiento.



Si la democracia es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad de las personas, a su libertad y a los derechos de todos y de cada uno, la convivencia entre ciegos, sordos y mudos no nos va a llevar muy lejos. Extraña nuestra forma de vivir un bien que para alcanzarlo se ha luchado tanto. Hoy no lo honramos. Cada uno de nosotros, en cualquiera de los grupos que se ubique, debe hacer su propio mea culpa.

jueves, junio 02, 2011

Followers, por Max Colodro.



Followers, por Max Colodro.





A pedido de los tuiteros, el Presidente Piñera echando abajo la institucionalidad ambiental vía telefónica; ex ministros del anterior gobierno aclarando ahora que apoyaron HidroAysén “a título personal”; Ricardo Lagos dejando su seriedad en el clóset y dándose una olímpica voltereta en el aire; la ex Presidenta Bachelet mutis, jugando a las escondidas, cuando nos había dicho que no sería sorda ni muda frente al acontecer nacional… En fin, ejemplos un poquito vergonzosos de cómo los líderes se instalan hoy día en la lógica de los followers, seguidores del people meter y de los gritos de la calle.



Liderazgos a la inversa, reconvertidos ahora en followers de las razones o las pasiones de la multitud y de las redes sociales. Una manera de hacer política de muy mal pronóstico, donde las decisiones quedan supeditadas a la galería, que hace su juego sabiendo que tiene la sartén por el mango. Como en estos días: el país jugando al todo o nada con HidroAysén, mientras la discusión seria y responsable sobre la matriz energética brilla por su ausencia.



Está muy bien que nuestros líderes quieran estar a tono; que la gente tome posición y haga saber sus opiniones. La calle y las redes sociales son un espacio legítimo de participación. El problema no está ahí. Ni siquiera en los políticos buscando popularidad. El problema surge cuando ese afán termina contaminándolo todo, cuando las políticas públicas terminan esclavas de una lógica que hace imposible su discusión razonable. ¿Signo de los tiempos? Quizá, pero también de debilidades políticas que buscan esquivarse a través de la pirotecnia, del juego de luces donde la responsabilidad se inmola sumándose a la procesión.



El ministro Hinzpeter anticipa que el Gobierno seguirá cayendo en las encuestas. La autoridad continúa atrapada por los vaivenes de la contingencia, teniendo como mar de fondo un nudo capital que no ha podido desatar: una economía que crece con fuerza, logros en materia de gestión sectorial, pero que no consigue traducir en aprobación. El relato dejó ya de ser el problema. Ahora, el Gobierno se enfrenta a algo más complejo e inasible: un malestar en ciernes, la desafección ciudadana adosada a un déficit crónico en materia de credibilidad; el fantasma de la «letra chica», uno de los aciertos instalados por la oposición, y que tiene al Ejecutivo con dificultades serias para generar confianza en sus decisiones. Si había un problema de «falta de calle», hoy día es la calle la que ha comenzado a hablar, dejando otra vez en evidencia que la «política» es el eslabón más débil de esta administración. Tanto, que los eventuales logros simplemente no se notan en el paisaje.



La Concertación, por su parte, se suma alegre a una procesión ajena, pero no consigue tampoco generar conducción y credibilidad. Sin ir más lejos, la brecha entre quienes desaprueban al actual gobierno y quienes respaldan al conglomerado opositor es enorme; signo y evidencia de su propia incapacidad, de un vacío que deja al malestar social en tierra de nadie. En efecto, la «letra chica» de la Concertación en materia de política ambiental es tanto o más vergonzosa que la de cualquiera. Ahí están las termoeléctricas inflando nuestra huella de carbono y los niños de La Greda como preclaro testimonio. Pero ello no les impide ahora salir de cacería, ponerse chapitas para sumarse impunemente al coro o guardar silencio.



Se vienen días difíciles. Los followers se toman el debate público y el sistema político no logra procesar el desencanto y traducirlo en decisiones responsables. Un gobierno con su credibilidad dañada y cayendo en las encuestas queda sometido a peligrosas tentaciones. Una oposición cuyo único norte es la zancadilla, sólo puede ser un aporte para el deterioro general. Basta poner la vista en la segunda vuelta presidencial del Perú para constatar que una mala política puede terminar teniendo a un sector de la ciudadanía de cómplice. Y no hay que engañarse: nunca un país está completamente a salvo de terminar por esta vía obligado a tener que escoger al final entre lo malo y lo peor.

sábado, abril 30, 2011

El pasatiempo de los matices, por Alberto Medina Méndez.


El pasatiempo de los matices,

por Alberto Medina Méndez.








A veces parece un juego perverso, solo eso. Nos proponen cosas demasiado similares, solo matices de un mismo color. Es que la política se ha convertido irremediablemente, en términos de debate, de contenidos y hasta de modos de hacer las cosas, en un vulgar entretenimiento donde se cambia algo, intrascendente por cierto, únicamente para sostener el andamiaje de lo eterno.



Es como si nos quisieran distraer en el laberinto de los temas menores, en asuntos irrelevantes, domésticos, para que el tiempo transcurra y casi nada modifique su curso. Para ello, han desarrollado un marco teórico, un conjunto de paradigmas que abonan activamente a la resignación ciudadana.



Nos vienen intentando convencer hace tiempo, que esto que vivimos “es lo que hay”, que no se pueden hacer las cosas de otro modo, que no vale la pena luchar, mucho menos pretender cambiar las formas, y menos aun los resultados.



Nos inculcan, premeditadamente, que debemos ser espectadores, que intentar modificar rumbos no tiene sentido, que la maquinaria está suficientemente aceitada para soportar cualquier embate, y claramente se han ocupado de ello, de generar los anticuerpos necesarios para rechazar cualquier proposición menor, furtiva y aislada.



El sistema está sobradamente preparado para aguantar ese tipo de tentativas solitarias y de hecho lo demuestra a diario. De ese modo consigue amedrentar a los aventureros, a los inconstantes, a los visceralmente ansiosos, al espasmódico capricho de los impulsivos, que en definitiva son los más.



Los que dicen que el único modo de cambiar las cosas es ser parte del sistema, son rápidamente cooptados por las metodologías que hacen pasar el umbral de lo incorrecto y torcer la moralidad de sus intenciones, a una velocidad inusitada.



Ellos dicen que solo estando dentro del esquema vigente se puede modificar la historia.



En el camino, se corrompen, se adhieren a los modos, se mimetizan con las malas prácticas, para terminar siendo uno más en el montón, que solo puede mostrarse como una versión renovada, en el mejor de los casos, de una dinámica idéntica a la actual.



Todos hablan de saquear y distribuir, de acaparar y repartir, de la magia de multiplicar recursos sin generarlos, y de su mayor eficiencia para administrar lo ajeno. El arte de la política parece haberse quedado detenida en este cuadro que solo pretende ofrecer una sutil gama de lo mismo.



Con esta dinámica, estamos destinados solo a repetir errores, a elegir entre semejantes, casi condenados a un resultado predecible. Mientras sigamos creyendo que el único modo de hacer las cosas es pensar en creativos mecanismos para que otros generen recursos y ver como quitárselos para distribuirlos entre los que no pueden crear casi nada, estamos complicados y no nos espera nada bueno.



A Albert Einstein le atribuyen aquella frase que dice “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”, sin embargo la política nos propone eso, pequeñas modificaciones para terminar casi en el mismo lugar. Son películas que ya vimos, con finales parecidos, con sociedades que se entusiasman con los cambios, pero que claudican frente al invariable paisaje de lo repetido.



Nos va ganando la desazón, la entrega, el conformismo, pero seguimos comprando espejitos de colores. Rechazamos sistemáticamente a los que nos proponen esfuerzo, compromiso, empeño e incertidumbre. Preferimos a los políticos que se han inclinado por el ilusionismo, a los encantadores de serpientes, a los grandilocuentes aprendices de hechiceros.



El camino aparentemente fácil, lineal, atractivo, de vivir sin esforzarse, de recursos ilimitados, de magníficos proyectos pagados con el sacrificio ajeno, lo vivimos todos los días. Ya conocemos ese recorrido, lo transitamos cotidianamente y, cada tanto, le renovamos el crédito solo cambiando el interlocutor, cuando el anterior se desgasta, pero para seguir el mismo surco.



No se trata de cambiar de hombres, de intermediarios, sino de ideas. La riqueza se crea, y solo florece en un ámbito amigable para ello. La hostilidad con el desarrollo, el ataque a los creadores, a los mejores, a los audaces, solo debilita y dinamita las posibilidades concretas de una sociedad. El metódico y ordenado embate contra el individuo, pretende terminar con la característica esencial de la humanidad.



La guerra que nos propone la política actual, en la que los menos producen y los más viven de ello es una fórmula repetida, ya probada y que solo conduce a una sociedad sin armonía, en permanente conflicto, de enfrentamientos sin sentido, destinada invariablemente al fracaso.



Es difícil encontrar discursos discordantes en el medio de tanto paraíso de la redistribución. Los políticos que están en el ruedo, los mas novatos incluso, ya se han apegado a esta dinámica y solo proponen más de lo mismo. Hasta los que coinciden en que este modelo está más que agotado, terminan plegándose mansamente, empujados por lo electoral.



Es cierto, no abundan hombres capaces de sostener ideas propias, no sobran valientes, mucho menos gente con principios. Ante la primera tentación de la política, ceden y dejan de lado las pocas convicciones que los llevaron hasta allí, para ser parte de este pasatiempo de los matices
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jueves, abril 21, 2011

De Sierra Maestra a "Jurassic Park", por RobertoAmpuero.


De Sierra Maestra a "Jurassic Park",

por Roberto Ampuero.

¿Qué novedades reporta para los cubanos el reciente congreso del Partido Comunista? Al menos tres. La primera: formalmente Fidel Castro dejó el poder, tras ejercerlo 52 años. La segunda: los Castro pueden permanecer 10 años más, porque establecieron un límite (cinco años, con una reelección) para altos cargos. La tercera: se aprobaron medidas -derecho a compraventa de auto y vivienda; traspaso de tierras estatales a campesinos, y autorización de actividades privadas mínimas- para paliar la eterna crisis económica de la economía estatal.



No se puede examinar esta situación sin una dosis de ironía. 52 años en el poder es un récord sin parangón, casi la mitad de la vida independiente de Cuba. Notable en quien jamás ganó elección alguna en escuela, universidad, colegio profesional o votación antes de 1959, pero que desde el poder arrasó por voto unánime en toda consulta. Para los chilenos es como si, hasta el lunes pasado, nos hubiese regido alguien que asumió con Jorge Alessandri. Y todo esto en un régimen de partido único y economía pauperizada, en tensión con su socio comercial natural, y con un exilio difamado desde La Habana.



No faltará hoy quien celebre al comandante por su memoria, su resistencia al embargo estadounidense, los delicados tratos que les dispensó o la acogida que brindó a exiliados del régimen militar. Pero a los políticos, especialmente a los dictadores -me quedó claro viviendo en Cuba-, no se los debe evaluar por sus actos privados, sino por su gestión pública. Evaluarlos por su vida privada es peligroso: Stalin adoraba a su hija, Hitler amaba a su mascota, Ceaucescu vivió enamorado de su mujer, Somoza fue generoso con su sastre.



Notable también es anunciar a los 80 años, desde el poder, que se permanecerá allí "sólo" 10 años más. Más que fe en la salud propia, veo el deseo de asegurar funeral con parada militar. Igualmente notable es criticar al sistema que se controla desde 1959 por no haber tolerado la aparición de relevos, cuando los ex delfines fueron fusilados, encarcelados o vagan sin empleo por la isla. Al final, el conteo de protección de 10 años confirma algo clave: no hay discrepancias entre los Castro en torno a la conveniencia de morir en el poder, sino sobre el itinerario del desplome del sistema. Para el mayor, las reformas son el comienzo del fin; para el menor, la salvación. Fecha oficial de caducidad de los Castro: 2021. Hay tiempo para apuntalar relevos (suenan tres de la dinastía) o esperar la llegada del diluvio.



En medio de la parada militar, ciudadanos de uniforme y niños que desean a coro larga vida a la gerontocracia, entre acuerdos que ratificaron la cúspide partidaria, se ignoraron demandas en que tanto las revoluciones anticomunistas como las del mundo árabe hoy ponen énfasis: pluralismo, democracia, derechos individuales. Raúl Castro pretende imitar el modelo chino y vietnamita, que combinan la actividad estatal y privada con férreo dominio del partido. Surge la interrogante de si la carta no salió tarde de la manga.



Cuando los cubanos vean que la revolución se mantiene sobre la línea de flotación sólo gracias al turista, a cierta actividad privada y a las remesas de Estados Unidos, ¿estarán dispuestos a seguir tolerando la estructura que asfixia los espacios de la iniciativa económica como política?



Al parecer, los Castro comparten hoy una nueva convicción: la permanencia indefinida en el poder es letal para cualquier país. De poco sirve eso a la isla y a quienes murieron o han vivido bajo un régimen que ahora pretende llegar a cumplir 62 años. Los jóvenes barbudos de ayer son hoy los últimos dinosaurios.

viernes, abril 15, 2011

Desafíos Económicos, por Jorge Chávez Retamales.


Desafíos Económicos,

por Jorge Chávez Retamales.





Este año la inversión privada crecerá 60 por ciento respecto de 2010. Para el quinquenio 2010-2014, se estima una inversión de 73 mil millones de dólares, de los cuales se materializarían unos 16 mil millones durante el presente año, comparados con los 10 mil millones del 2010.




Como ha ocurrido, las áreas más importantes son la minería y la energía -con 30,4 y 38,3 por ciento del total, respectivamente-, aunque el incremento de la inversión en el sector de la construcción aumento en un 35,9 por ciento en el 2011. Asimismo, en términos de proyectos, la Región de Atacama sigue encabezando los montos proyectados, con el 23 por ciento del total, ratificando el dinamismo de una región que durante muchos años estuvo bastante deprimida.




Sin embargo, hay elementos preocupantes.El relativo menor crecimiento del cuarto trimestre de 2010 respecto de los anteriores -a pesar del alto precio del cobre y del impulso que la reconstrucción ha implicado en muchos sectores-, la excesiva concentración de la inversión sólo en proyectos mineros y energéticos, y el aún escaso aumento de la productividad son signos que deben preocupar a las autoridades. Se requiere acelerar las reformas microeconómicas para liberar las fuerzas productivas mediante incentivos adecuados, a la espera de que logren sus objetivos las de más largo plazo, como las relativas a la educación.




La presión inflacionaria se dejará sentir muy pronto, empujada por la inflación mundial de alimentos y el incipiente incremento de los precios del petróleo y la actitud del Banco Central que sigue elevando la tasa de política monetaria y la intervención en el mercado cambiario que golpeó la rentabilidad del Fondo E de las AFP, el multifondo más conservador tuvo una pérdida de 1,48% en el primer mes del año, y no se entiende el porqué el 90% de los que no participan de las exportaciones tengan que subsidiar al 10% restante. También la falta de reformas que aseguren un mejor funcionamiento del mercado laboral atenta contra el crecimiento de la productividad.




Reformas microeconómicas que den mayor flexibilidad a los mercados y más oportunidades de reasignar recursos entre sectores económicos son fundamentales para asegurar cambios positivos en la productividad de la economía. La innovación también puede ser un factor y se torna cada vez más importante a medida que se eleva el ingreso per cápita de un país. Se han creado incentivos tributarios para generar este vínculo, pero la burocracia ha impedido que se usen en totalidad.




Una rebaja de impuestos, en especial el IVA, y el término al impuesto específico a los combustibles ayudarían también a la exprimida clase media que por primera vez en 20 años disminuyó el acceso a la Educación Superior y daría también un empujón a los pequeños emprendedores, además para impulsar el crecimiento debemos contar con energía y Chile no tiene la energía necesaria para afrontar el crecimiento buscado y anhelado.


viernes, abril 01, 2011

Responsabilidad profesional del abogado, por Pablo Rodríguez Grez.



Responsabilidad profesional del abogado,

por Pablo Rodríguez Grez.



El presidente de la Corte Suprema planteó al inaugurar el año judicial su preocupación por la deficiente preparación de los nuevos abogados, derivada de la multiplicidad de planteles universitarios en que se forman. Esta materia me llevó a advertir sobre la magnitud del problema en sendos artículos, publicados en estas mismas columnas los día 21 de junio y 18 de julio de 2008. Pero, como ocurre invariablemente entre nosotros, sólo reaccionamos cuando la situación hace crisis. Con todo, lo importante, a mi manera de pensar, es que existe conciencia sobre esta anomalía y sus ulteriores consecuencias.



En el aspecto ético es urgente, como se reconoce en forma unánime, reforzar la competencia de todos los colegios profesionales, ampliándose sus facultades para sancionar las faltas éticas de sus miembros, incluso, cancelando el título, como ocurría en el pasado, ante infracciones graves y reiteradas. Respecto de los profesionales no colegiados, debería, a la brevedad, dictarse la ley que prevé el artículo 19 N°16 inciso 4° de la Constitución Política de la República, conforme al cual "Los profesionales no asociados (no colegiados) serán juzgados por los tribunales especiales establecidos en la ley". Estos tribunales, sin duda, constituirían un aporte valioso para velar por el buen comportamiento de quienes ejercen una profesión titular.



Más difícil es resolver lo concerniente al control de la conducta profesional. Afirmo, a este respecto, que deben distinguirse dos clases distintas de abogados: aquellos dedicados a funciones corporativas (asesores, funcionarios públicos y privados, consejeros, etcétera), y aquellos dedicados a actividades forenses (que intervienen en la administración de justicia, sea como miembros de los tribunales o en defensa y representación de las partes litigantes). Lo que interesa, en lo inmediato, es someter a revisión el comportamiento de estos últimos. De aquí el imperativo ineludible de constatar que poseen las destrezas y habilidades que los hacen idóneos para intervenir en la actividad judicial. El abogado es un "colaborador de la justicia" y, como tal, participa en el ejercicio de una potestad pública: la jurisdicción (facultad para conocer de las causas civiles y criminales, de resolverlas y hacer ejecutar lo juzgado).



Cuando se trata de problemas jurídicos, una persona puede hacerse aconsejar por quien estime conveniente. Desde este punto de vista, ella no requiere ni protección ni asistencia, a lo sumo, publicidad y transparencia. Reglamentar esta actividad resulta baladí y utópico. Pero no sucede lo mismo, cuando se contrata a un profesional para que represente a las partes ante los tribunales e intervenga en la actividad jurisdiccional, comprometiendo la libertad, el patrimonio y los derechos fundamentales cuya defensa le es confiada. Por lo mismo, en este caso, cabe a la Corte Suprema, en cumplimiento del mandato legal que rige actualmente, someter a los abogados que aspiran a intervenir ante los tribunales de justicia, a un control de calidad, sea por medio de un test de conocimientos y habilidades o de un examen capaz de detectar si el licenciado universitario está dotado, en lo fundamental, de las aptitudes que se requieren para enfrentar estas delicadas tareas. Como es obvio, no se trata de imponer a los miembros del máximo tribunal este cometido, sino de supervisar su seriedad, sus contenidos y buen funcionamiento. En todos los países desarrollados existe este tipo de controles (Estados Unidos, Francia, España, Italia, etcétera).



Por cierto, no son las universidades las responsables del buen funcionamiento de la jurisdicción, pero tampoco pueden ellas eludir la responsabilidad civil que les asiste en el supuesto que habiliten, para el ejercicio de una profesión titular, a quien carece de la debida preparación. Nada impide que, en el día de mañana, se haga valer esta responsabilidad y se corrijan por ese medio los abusos que hoy día lamentamos. Es hora de entender que ningún profesional está investido de patente para defraudar y que su conducta debe proyectarse a la entidad en que se formó. La responsabilidad profesional será tema predominante en el futuro inmediato.


viernes, marzo 25, 2011

Nuevo marco regulatorio para el Transantiago, por Felipe Morandé.


Nuevo marco regulatorio para el Transantiago,

por Felipe Morandé (*)



Acaba de entrar en vigencia la Ley 20.504, que crea un régimen regulatorio nuevo y especial para el transporte público licitado en todo el país, incluyendo por cierto a Transantiago. Este nuevo marco legal es el resultado de un arduo trabajo entre el Gobierno y parlamentarios de todo el espectro político, entre julio y diciembre del año pasado, y fue parte del amplio acuerdo político sobre Transantiago y transporte público en general que me tocó negociar a mediados de 2010, junto al equipo del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones. Dicho sea de paso, este fue el primer acuerdo político entre el Ejecutivo y la oposición realizado durante la actual administración.



Es sabido que Transantiago se construyó sobre unas bases de licitación y contratos de pésima factura, con incentivos muy mal puestos, rígidos en su aplicación y extremadamente onerosos para el Estado. Un chaleco de fuerza para la autoridad y los usuarios de cara a mejorar el sistema y ajustar sus finanzas a la reducción en apenas tres años (2011-2013) de casi US$ 500 millones anuales de aporte de los contribuyentes, un tercio del costo total. El nuevo marco regulatorio es parte de los cimientos necesarios para enfrentar los problemas de Transantiago y debiera permitir, si todo sale y se hace bien, alcanzar una solución razonable a sus principales problemas a fines de este año o comienzos del próximo.



Entre los elementos destacables que trae la ley recién promulgada está la mención explícita a causales de término de los contratos con las empresas concesionarias, como el mutuo acuerdo, la caducidad, la quiebra y la infracción sostenida a los derechos de los trabajadores. Increíblemente, hasta ahora la quiebra abría un gran espacio de incertidumbre, no existía la alternativa de terminar los contratos por mutuo acuerdo, ni tampoco los incumplimientos laborales eran tratados con el rigor que merecen.



También desde hoy la autoridad podrá intervenir a una operadora en forma rápida y expedita para garantizar la continuidad del servicio -en caso de que la concesionaria haya interrumpido el mismo-, sin tener que esperar un proceso administrativo de varios meses.



La nueva ley también regula a los servicios complementarios; por ejemplo, el AFT (Administrador Financiero de Transantiago) o las entidades que en el futuro cumplan el rol de administración financiera y de control de flota. Estos servicios se podrán concesionar separadamente, incorporando nuevas tecnologías, lo que irá en beneficio de los usuarios y permitirá reducir los costos.



Por otra parte, uno de los problemas que presenta actualmente el sistema es que existen empresas que no cumplen a cabalidad con los derechos de los trabajadores, incluyendo sus prestaciones sociales, aspecto que el nuevo marco regulatorio cautelará firmemente y que fue una de las principales preocupaciones de nuestros parlamentarios de todos los sectores.



La ley promulgada contiene también un mejor trato de la quiebra, define que hay bienes afectos a la concesión y establece requerimientos de información completa y oportuna a las empresas operadoras. Pero lo más llamativo es que, en su articulado transitorio, la ley abre una ventana de tres años para que el Estado pueda incluso comprar los contratos vigentes, atendiendo a que existe una razón de interés público para realizar esta acción. Se establece un mecanismo expreso para resolver las diferencias en cuanto a las indemnizaciones que pudieran existir entre el Estado y el concesionario expropiado. Esta es una herramienta fundamental en el esfuerzo que debe hacer este año la autoridad para reformular el Transantiago.



A la ardua tarea legislativa que supuso la gestación de este nuevo marco regulatorio en 2010, ahora debe seguir la difícil misión de negociar con las empresas operadoras un sistema de transporte público en Santiago que, respetando las complejas restricciones financieras ya comentadas, también se encargue de devolver la dignidad a los sufridos santiaguinos con un sistema de mejor calidad.

(*) Ex Ministro de Transportes y Telecomunicaciones.

(Tomado de Diario El Mercurio)

jueves, febrero 24, 2011

La torpeza de los emuladores, por Alberto Medina Méndez.

La torpeza de los emuladores,

por Alberto Medina Méndez.




Algunos argumentos a fuerza de escucharlos reiteradamente intentan naturalizarse, y de cierto modo lo consiguen, al punto de convencer a muchos de que se ajustan a los principios éticos más elementales.


La falta de creatividad, la ausencia de ingenio y hasta de inteligencia, ha incorporado ciertas frases hechas al saber popular, que se han instalado en nuestras vidas casi como verdades reveladas.


Una de estas es aquella que de un lado de la moneda afirma que ‘ya está todo inventado, solo hay que mirar lo que hacen los demás y copiarlo’, mientras con idéntica lógica sostiene que ‘si los demás lo hacen porque nosotros no hacerlo también’.


Además de demostrar una marcada abulia, pereza intelectual e incapacidad personal por aportar cierta impronta, por revisar ideas ajenas, por perfeccionar lo saludable, esta verdad a medias, oculta una moral perversa.


Es que detrás de esa simplicidad, pretendidamente inocente en el planteo, muchos creen que pueden establecer parámetros generales para legitimar todo lo que hacen. Una decisión de gobierno incorrecta, una definición cuestionable, no se hace viable, ni adecuada, ni se valida por el solo hecho de que otros lo hacen.


En todo caso habla muy mal de nosotros mismos, que asumiendo que existe maldad en los demás decidamos imitarlos, presumiendo que el hecho de que tenga antecedentes en otras latitudes lo hace moralmente aceptable.


Por otro lado si estas afirmaciones tan burdas fueran ciertas, el mundo no podría evolucionar, y esto no es lo que se evidencia en el progreso constante de la humanidad.


La capacidad creativa del hombre es ilimitada, infinita y asumir que solo debemos copiar, además de ser brutalmente inexacto, solo desnuda nuestra propia impericia, demuestra la incompetencia sobre la que estamos transitando y más aun, revela la poca autoestima que tenemos sobre nuestras posibilidades.


En todo caso quienes afirman semejantes razonamientos deberán hacerse cargo de sus propias limitaciones. Sería conveniente que hablen por ellos mismos, que no incluyan al resto de la sociedad en sus afirmaciones tan audaces y mucho menos que intenten que la ciudadanía asuma como propias las declaradas ausencias de ideas que ellos padecen.


Está claro que estamos frente a una crisis a nivel de dirigentes, en todos los niveles, no solo en la política. También somos testigos de la escasa creatividad y preparación a la hora de resolver problemas, pero que no tengan ideas novedosas, que no sean capaces de tener un pensamiento más lateral y transgresor, menos estructurado y clásico, no hace que sus frases se conviertan en verdades, en todo caso se trata simplemente de una confesión de impotencia intelectual.


Es cierto que muchas sociedades le han encontrado la vuelta a algunos problemas y están más cerca de resolverlos, o incluso de eliminarlos, y es muy positivo que se indague en esos testimonios para tomar debida nota de esa información como parte de un relevamiento. Ni siquiera es malo que se imite si se considera que no existe mejor idea disponible que esa.


Pero de allí a asumir que ‘está todo inventado’ hay un salto espacial. En todo caso, existen comunidades que están mejor orientadas, que han sido exitosas a la hora de ciertas implementaciones, siempre objetables, eternamente perfectibles, ajustables hasta el infinito.


Como en la vida misma, no existen dos experiencias idénticas, y las soluciones no son ni mágicas ni vienen en fórmulas infalibles. Se trata de prueba y error, de momentos históricos, de evoluciones sociales, de una permanente búsqueda, esa que solo los humanos podemos apreciar en toda su esencia y que nos diferencia como especie en el universo.


No es cierto, que esté todo inventado, abundan ejemplos a diario que demuestran lo contrario. Tampoco es correcto insistir con aquello de justificar atrocidades solo porque el vecino también las comete. Que los otros se equivoquen, que los demás tomen decisiones incorrectas ni nos excusa, ni nos hace mejores, en todo caso igualmente desacertados.


Agota escuchar el contemporáneo argumento de ‘lo hago porque todos lo hacen‘ como si eso pusiera un manto de piedad sobre nuestros errores. El desafío individual y de las comunidades no es ser ‘iguales’, sino ser mejores, especiales, superiores.


Igual es cualquiera. Hacer lo mismo no requiere ciencia alguna. No se necesita ni capacidad, ni criterio, ni inteligencia, ni imaginación, ni moral propia para imitar a los demás. Lo complejo y desafiante es ser diferente, hacer lo correcto, superarse, ser creativo, animarse a más, a innovar para salirse de la media y dar un paso en positivo sin quedarse en el conformismo que nos propone cierta cultura igualitaria, tan de moda en estos tiempos.


Vale la pena refutar la corriente general. No es bueno compartir la vereda con los mediocres. De todas formas, siempre habrá gente que aplauda la grandilocuencia de las frases hechas, sobre todo si las mismas nos ahorran esfuerzos y energía para terminar justificando la torpeza de los emuladores.



amedinamendez@gmail.com

Tomado de Diario La Época http://www.diarioepoca.com








miércoles, febrero 09, 2011

Una Pincelada del Momento Político Chileno, Por Viviana Matus Rodríguez.


Una Pincelada del Momento Político Chileno,

Por Viviana Matus Rodríguez.



La economía chilena consolidó su recuperación durante 2010, en un año marcado por el terremoto y el impacto de la crisis financiera internacional. El dinamismo de la actividad no se quedará atrás, el crecimiento llegara a un 7,1%, la cifra más alta desde 2004 cuando llegó a un 6%. Para el primer trimestre de 2011 se espera que logre un 9,1%, con marzo liderando con un 14,5%. El comercio y la industria aumentaron los salarios: en un 4,7%, con un alza de 1% en remuneraciones por el reajuste del sector público. La inflación subiría en 4% el 2011.



En materia social se avanzo con la creación de el Ministerio de Desarrollo Social , 7 reformas en Seguridad Ciudadana, Pobreza, Modernización del Estado, Medio Ambiente, Institucionalidad Democrática, Salud, Educación e ingreso familiar ético...En Educacion, las medidas adoptadas avanzaron pero es indispensable estudiar nuevas iniciativas que puedan ayudar a una educación de mayor excelencia y menor desigualdad en resultados. Las cifras muestran que la educación municipal perdió 20 mil alumnos en 2010, y se ha reducido en 380 mil desde 2001 hasta ahora. Las razones de ello están bien identificadas, huelgas reiteradas, percepción de mayor calidad y mejores resultados en las escuelas subvencionadas.



En lo político ya se da carácter representativo lo que se comenta en twitter y facebook, ya hay ejemplos de su real influencia en las decisiones, como en el episodio Barrancones, lo ocurrido en la dirección de la Junji., en Magallanes , con el ex Ministro de Defensa y con la Intendenta del Bíobío Al mismo tiempo, y dado que la información fluye a bajo costo para las personas, se ha mostrado el gran poder y la facilidad con que los medios actuales permiten la organización y coordinación ante intereses comunes.



Este uno de los puntos de por qué la Concertación perdió el rumbo y no ha sabido encontrarlo. El ejercicio del poder es más directo y requiere de un mayor grado de flexibilidad para saber comprender y adaptarse al conocimiento popular. Se quedó en que la forma de solucionar y entender los problemas son los comités y los asesores estrellas. La democracia entrará realmente en crisis si quienes debían buscar el bien común, renuncien a la opción de buscar la verdad.



Finalmente, Chile se merece un nuevo modelo de desarrollo que centre en las regiones y en los municipios su motor de crecimiento e igualdad y que las medidas económicas venideras tiendan a una baja en la alta carga impositiva dando así un respiro a los pequeños emprendedores y a la clase media.


La autora de esta columna es Magíster en Ciencias y Educación Multilingüe/Multicultural, Doctoral Studies Bilingual Education, Directora CEOC.

martes, febrero 01, 2011

Bendita inconsistencia, Margarita María Errázuriz.

Bendita inconsistencia,

Margarita María Errázuriz.

Es interesante lo que ha estado pasando este último tiempo en el mundo de la política. A riesgo de pecar de optimista, pienso que tanto el Gobierno como algunos partidos políticos y sus parlamentarios, cuando enfrentan disyuntivas que son importantes para el país, son capaces de superar diferencias. Con ello quiero decir que unos y otros, pese a sustentar proyectos de sociedad distintos, dan pruebas de que es posible la colaboración y la superación conjunta de problemas. Hay señales de que tanto nuestros representantes como las autoridades de Gobierno pueden tener una mirada país responsable que puede dejar a todos tranquilos. Claro que éstos por ahora son sólo indicios; primeros pasos que igual hay que celebrar.



Así interpreto los acuerdos alcanzados entre el Gobierno y algunos partidos políticos o directamente con parlamentarios al margen de sus colectividades, aun cuando la importancia de esta actitud no se valora debidamente o se rechaza de plano. Gracias a estas negociaciones se logró una votación que permitió sacar adelante iniciativas como la reforma de la educación, el royalty a la minería y la ley de presupuesto, todas necesarias y cuya aprobación era urgente. Como reacción a estos acuerdos, más de alguno propone negar la sal y el agua al Gobierno, y llama a conformar una oposición que denomina de trincheras.



Quienes se suman a los acuerdos deben aceptar ser llamados desleales o inconsistentes por sus compañeros de ruta. Esa teórica inconsistencia a mí me parece valiosa; la veo como un punto de inflexión crucial. Puede constituir la primera señal de un cambio mayor y trascendental; puede ser el inicio de una nueva cultura en la toma de decisiones políticas.



Frente a esta situación hay que tener en cuenta que los cambios culturales son difíciles y lentos. Por lo general, se inician con cambios concretos y aislados como los que hemos visto: un senador sale de la sala para que sin su voto se apruebe una ley; otro contribuye con sus propuestas, negocia y transa; un ministro acepta modificaciones a su proyecto que van más allá de lo que le hubiese gustado. Estas actuaciones alteran prácticas, sorprenden. Pero es difícil y puede ser muy duro mostrar siempre consecuencia en los actos, aun cuando el mensaje sea claro y alentador: tiene prioridad una mirada país y el beneficio de sus ciudadanos.



Las claves de esta nueva cultura son la capacidad de construir a partir de miradas y planteamientos diferentes, y de negociar. Si estos comportamientos se instalaran, generarían un cambio cultural paradigmático. Los partidos se distinguirían por su aporte a las soluciones, por su capacidad de sumar ideas sin temor a perder identidad y, con ello, el apoyo de sus electores. Como pueden imaginar, queda mucho camino por recorrer y, como éste es nuevo, las reacciones pueden ser brutales. Lo que en estos días se lee en la prensa da cuenta precisamente de la dificultad que tienen algunos líderes políticos de entender esta nueva cultura, más amigos de mantener una oposición tajante y formal que de proponer contenidos.



En el fondo, este cambio cultural nos exige a todos otro comportamiento. Es cierto que los primeros en exigirlo, al expresar desafección a la política, fueron los propios electores. Pero esto no es suficiente. Tenemos que dar señales de apoyo a aquellos que actúen en línea con este cambio en la cultura política. Ello los animará a perseverar en sus intentos y convocará a otros a seguir sus pasos. Si así fuere, podemos esperar grandes cosas para nuestro país.


jueves, enero 20, 2011

El imperio de la caducidad, por Karin Ebensperger.


El imperio de la caducidad,

por Karin Ebensperger


El 2010 fue el año en que impactó con todo su significado la sociedad de la información. Twitter, Facebook y WikiLeaks dejaron establecido que esta nueva sociedad mundial es "líquida", dominada por un constante fluir de información que hace desaparecer los referentes que permiten anclar nuestras (¿ex?) certezas.



Vivimos en pleno la era posmoderna, que se caracteriza por el desencanto con el supuesto de que existe un constante progreso. Es la desconfianza frente a los grandes relatos, la desilusión con la autoridad central, sea política, intelectual, religiosa o científica.



Es difícil definir referentes a los cuales atenerse, porque lo que falta en esta época es un sistema, un cierto orden, un sentido, en definitiva coherencia. Hay muchos datos, pero escasea lo que en física se llama cohesión entre las moléculas. Estamos bastante solos en la sociedad del conocimiento.



Impacta observar al gobierno de EE.UU. desorientado tras conocerse las filtraciones de WikiLeaks que desnudaron sus intimidades. Se discute si es bueno transparentar todo en democracia o si debe haber ámbitos reservados, y dónde está ese límite. Pero quisiera resaltar el hecho de que hasta la más influyente autoridad mundial parece golpeada por el nuevo paradigma.



En un sentido cultural más amplio, de civilización como la entendían los grandes historiadores, tal vez vivimos hoy una de esas profundas fracturas de la organización social en su conjunto. Asistimos -sin darnos cuenta- a la reconstrucción de todos los ámbitos de la vida por parte de la nueva generación conectada a internet, a la sustitución de las tradiciones o convenciones no sólo del saber transmitido, sino también de las formas aceptadas para producir y transmitir ese saber.



En este mundo "líquido", en que la información fluye, nada perdura lo suficiente como para enraizarse y generar costumbres. La verdad es cuestión de perspectiva o contexto. Y ha dejado de importar el contenido del mensaje, vale más la forma en que es transmitido (twitter) y el grado de convicción que logre producir. Muchas veces las vidas de los demás se convierten en un show. Se pierde intimidad y todo se desacraliza.



Lo positivo es que la generación internet cuestiona el cinismo, sea político o religioso, y le mueve los cimientos a los que son poderosos en el peor sentido de la palabra. La nueva era, con WikiLeaks incluido, es la reacción a una crisis espiritual y filosófica más profunda, tras el colapso del Muro del Berlín en 1989, del sistema financiero en 2008 con sus explicaciones economicistas alejadas de la ética, o los casos de pedofilia en la iglesia. La nueva tendencia es la incredulidad respecto de los metarrelatos.



Los jóvenes usuarios de internet no buscan conscientemente un sistema alternativo al vigente, sino que se limitan a actuar, desechando las antiguas certezas. Su interés es la operatividad tecnológica, no los juicios sobre la verdad o lo justo. No interpretan valores. Pero su talón de Aquiles es una cultura de información corta, del sentir momentáneo, casi un nihilismo suave.



El 2011 llega mostrando la fragilidad de los modelos cerrados, de las grandes verdades. Transitamos de las cosmovisiones filosóficas a un pasar despreocupado, alejado de una actitud existencial, sin referentes seguros. Vivimos el imperio de la caducidad.

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