jueves, marzo 25, 2010

El saqueo del Estado, por Gonzalo Rojas Sánchez.

El saqueo del Estado,

por Gonzalo Rojas Sánchez.

Lo que hasta ahora se ha sabido resulta escandaloso. Algunos de los nuevos ministros no encontraron los computadores en sus oficinas; otros los recibieron sin la información básica correspondiente; más de seis mil contratos de personas que prestaban servicios a los gobiernos de la Concertación fueron modificados en las postrimerías del período Bachelet; importantes partidas presupuestarias fueron ejecutadas casi completamente en los primeros 70 días del año, y algunos programas, como la Comisión Bicentenario, se quedaron sólo con la caja chica o casi. Ha aparecido, incluso, un ítem en que el gasto efectuado o comprometido excede en 20 por ciento lo autorizado por la misma Ley de Presupuesto vigente.

¿De qué tipo de frescura estamos hablando? ¿Simplemente de aquella que caracterizó los últimos 20 años, marcados por decenas de casos de corrupción, tan grotescos como difíciles de perseguir?

No, esto es distinto; ciertamente es más de lo mismo, pero es también más de algo nuevo.

Algo de corrupción tiene, pero es, sobre todo, saqueo. Porque la corrupción se practica en tiempos de paz, al amparo del poder; pero el saqueo se desata en períodos de guerra, bajo la protección del vértigo. Y lo que se ha hecho en estos casos es justamente tratar a los nuevos administradores del Estado como auténticos enemigos.

Sí, enemigos, porque se ha practicado con ellos la vieja política rusa de la tierra arrasada: que cuando “ellos” entren no encuentren nada que pueda serles útil; que cuando lleguen a “lo nuestro” (que así, “suyo”, consideraba ya la Concertación al Estado), las carencias sean tan grandes que el eventual fracaso sea más factible. Eso les pasa por invasores.

Era falso que desde la Concertación se quisiese superar la lógica del conflicto; ya lo sabíamos respecto de las heridas del pasado, pero ahora se aprecia además respecto de los proyectos del futuro. Ya lo había sugerido Frei años atrás: no les dejemos la plata. Pero poco podía sospecharse que efectivamente hacia adelante se iba a actuar así, con la lógica de una guerra de desgaste total.

Ante este panorama, que será más fácil de documentar y cuantificar a medida que avancen los días, ¿habrá voluntad en las bancadas de la Alianza en la Cámara de Diputados para iniciar las acusaciones contra los respectivos ex ministros de Estado, antes de que se cumplan los tres meses posteriores al abandono de sus cargos?

Pero incluso si esa acción prosperase, el problema pendiente serán, además, los partisanos. Sí, todas esas personas que están quedando detrás de las líneas del nuevo gobierno, es decir, dentro del Estado y que, en el nombre de una supuesta calidad técnica o probidad administrativa, sabrán ocupar sus cargos para minar la eficacia de la administración Piñera. ¿Quiénes son? ¿Dónde están?

Caza de brujas, no. Pero chuparse el dedo para encontrar dentro de unos meses que algunos tornillos han sido efectivamente girados al revés, tampoco.

Una última arista de este problema resulta también muy inquietante. Los privados que recibieron estos enormes aportes presupuestarios (entre 39 y mil 300 millones de pesos, según los casos), ¿se preguntaron qué opinaba sobre esas donaciones el futuro gobierno bajo el cual se ejecutarían los presupuestos de los que se beneficiaban? Que la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos no se lo haya planteado, no sorprendería. Pero que “Un techo para Chile”, Infocap, la Fundación Pablo Neruda y Fasic quizás no hayan consultado este tema con los nuevos administradores es, por lo menos, una indelicadeza.

Alguien podría pensar —sería una pena— que había que conseguir esas platas antes del 11 de marzo, porque después sería muy tarde.



miércoles, marzo 24, 2010

Problemas de altura, por Gonzalo Müller.


Problemas de altura,

por Gonzalo Müller.

Se repite con frecuencia en la política de estos días: «estar a la altura». Según se sostiene, la actual situación del país, producto del terremoto y maremoto que nos golpearon tan duramente, requiere un comportamiento especial, un «estar a la altura de las circunstancias», como apelativo a trabajar unidos y con generosidad, mantra repetido con insistencia en los pasillos de los partidos, del Congreso y de la propia sede del Gobierno.

Así es como aparecen estos llamados a deponer diferencias políticas y a trabajar unidos en los problemas más urgentes de la ciudadanía. Pero ¿por que sólo se plantean a la luz de una catástrofe? ¿Por qué no son la guía normal para la acción de nuestros dirigentes? Rápidamente se olvida el tono crítico y duro con que los chilenos evalúan la labor de la mayoría de nuestros rostros políticos, y no se recuerda que las instituciones menos valoradas son precisamente las más representativas de nuestro orden político.

La necesidad de sintonizar con las personas y darles prioridad a sus problemas concretos en la agenda política, debiera ser la norma de conducta, no sólo bajo motivos tan excepcionales como los que el país enfrenta. Son varios los que anuncian que esta concentración en los efectos directos e indirectos del terremoto debiera pasar a segundo plano para abordar los temas pendientes de la agenda política.

El pasado fin de semana la oposición aparecía más concentrada en restablecer su institucionalidad interna y centrar sus discusiones en torno a la definición de sus liderazgos y no en cómo desde su rol enfrenta también la actual crisis, que según palabras del propio Presidente Piñera marcará no sólo una parte, sino que los cuatro años de su periodo.

Si asumimos como un dato que la emergencia actual y la posterior reconstrucción serán las tareas prioritarias de los próximos años, aquellas a las que más esfuerzo les dedicará el nuevo Gobierno, debiera ser también una señal de a qué escenario se va a enfrentar la nueva oposición.

No olvidemos que la Concertación acaba de salir del gobierno hace sólo poco más de 10 días y que cuenta con el capital de una larga lista de personas capacitadas y con una importante experiencia para realizar un aporte y colaborar en el largo camino de pensar y planificar la reconstrucción; sin duda que su voz compite en desigual condición que la de los parlamentarios y dirigentes políticos de ese sector, pero su inclusión puede permitirle a la Concertación ser parte de la soluciones y no sólo de las críticas en este proceso.

Dimensionar correctamente los efectos no materiales del terremoto, y la necesidad de dar correcta sintonía a las urgencias que presenta el actual panorama, es una oportunidad única para los partidos políticos y sus liderazgos que, bien aprovechada, le daría un verdadero segundo aire a nuestra democracia, quizás mucho más profundo que cualquier reforma institucional.

¡Hace tan poco que se hablaba tan profusamente de la necesidad de profundizar nuestra democracia, de revitalizarla, de buscar reencontrarla con la ciudadanía, de abrir espacios de mayor participación! Entonces, qué gran ocasión enfrentamos hoy de avanzar en ese sentido a propósito de «estar a la altura», de demostrar que en momentos de crisis la política y su institucionalidad son capaces de entender las aspiraciones de la sociedad y sentirlas como propias, quizás nunca de una manera más concreta y práctica que la que, a partir de la catástrofe, enfrentamos.



domingo, marzo 21, 2010

Carepalismo en Estado Puro por Rodrigo Lema González.


Carepalismo en Estado Puro

por Rodrigo Lema González.

La represión sufrida por los disidentes de la dictadura castrista ha ido alcanzando niveles progresivamente altos durante las últimas semanas. Basta recordar las agresiones que sufrieron las Damas de Blanco hace pocos días. Y, mientras tanto, el régimen se hace el ciego y sordo ante las condenas de todo el mundo civilizado.

Respecto al tema, sorprendieron -y de forma muy desagradable, si me permiten decirlo- las declaraciones del presidente del Partido Comunista de Chile, Guillermo Teillier, quien, en un arranque de “iluminación”, expresó que en nuestro país había más represión que en la mayor de las Antillas.

Más encima, justificó la situación de la isla argumentando que es culpa del “bloqueo norteamericano”. ¿Cuántas veces he escuchado este argumento? Déjenme ver… Sí, el contador ya pasó el millón.

Esta clase de declaraciones no pueden hacer más que causar indignación, y son la muestra del carepalismo en su estado más puro. Culpar al bloqueo por las violaciones a los DD.HH. -que son política del estado cubano desde hace décadas- es lisa y llanamente no saber dónde se está parado. Ya hubo un muerto por huelgas de hambre, y se acerca otro. Pero nada se puede esperar de la colectividad política más obsecuente con la Unión Soviética -apoyaron la invasión a Checoslovaquia realizada por el Ejército Rojo y nunca condenaron los crímenes de Stalin- en su momento, y ahora con Cuba, Venezuela y las FARC.

Y con éstos se alió la Concertación para las elecciones pasadas…

Si Cuba es el paraíso tan fantástico que nos describen los avinagrados dirigentes del PC, ¿cómo es que miles de cubanos arriesgan sus vidas para escapar a Estados Unidos? ¿Cómo es esa democracia tan perfecta en la que el poder se hereda al estilo monárquico? ¿Cómo es que sólo existen medios de comunicación afines al Politburó de turno? Y así podríamos seguir con muchas más preguntas.

Y más encima, se atreve a criticar al mismo entramado sistémico que le permitió llegar al parlamento y asegurarse un suculento sueldo de $6 millones -que cualquiera se lo querría-, pagados con los impuestos de todos nosotros. Sinceramente, me dan lástima quienes votaron por este sujeto.

Menos mal que son sólo cuatro años.

http://rodrigolemagonzalez.wordpress


miércoles, marzo 17, 2010

La hora de la reconstrucción, por Cristina Bitar.



La hora de la reconstrucción,

por Cristina Bitar.

El fin de semana tuve ocasión de recorrer Iloca, una de las zonas más afectadas por el terremoto, y comprobar directamente el nivel de destrucción y dolor que se vive allí. Es verdaderamente sobrecogedor compartir el dolor de personas que perdieron seres queridos y todo lo que habían construido a lo largo de sus vidas. Ante la pérdida de vidas humanas no hay consuelo posible, pero están los niños, cuya vida continúa, que tienen todo el futuro por delante, que no pueden perder el año escolar y que merecen una respuesta solidaria. Como ellos, también están los adultos mayores, muchos de los cuales lo perdieron todo, familias en la calle, en fin una realidad desoladora.

Por ellos es que la tarea de reconstrucción tiene el carácter de urgencia que el Presidente Piñera le ha impuesto, con gran sentido social y de responsabilidad. Hemos visto un gabinete que el día de la asunción del mando salió de la ceremonia en el Congreso Nacional y trabajó las 12 horas siguientes sin parar, que este fin de semana trabajó de corrido y que al comienzo de esta semana presentará los proyectos de ley con las medidas más urgentes para hacer posible esta tarea titánica. Sin duda estos proyectos significarán un esfuerzo importante y tenemos que asumirlo en la lógica de la urgencia. Por ejemplo, no es este momento para burocracia. Trámites que normalmente demoran meses, hoy los necesitamos en días, si es que no en horas. Inversiones que podían esperar al segundo semestre, hoy las necesitamos en el transcurso del mes o cuando más en abril, porque se requiere empleo ahora. Miles de personas perdieron su fuente de trabajo, simplemente porque se destruyó, y la necesitan de nuevo en pie con urgencia inmediata o necesitan otra fuente laboral ahora ya.

El sector público ha visto destruida una cantidad importante de infraestructura, colegios, hospitales, caminos, puentes. Pero el sector privado también ha sufrido y, como es lógico en una economía social de mercado, seguramente la mayoría de los costos recaerán en este ámbito. Necesitamos que esas actividades productivas se levanten con vigor y rápido. Nunca como ahora había sido necesaria una asociación público-privada de la magnitud de la que se requiere hoy.

Chile está en un buen pie, tenemos una clase política responsable que se ha comportado a la altura y que esperamos lo siga haciendo, despachando estas leyes con la urgencia que se requiere. Pero además tiene finanzas que le permiten implementar fórmulas que combinen reasignación de gastos, uso de reservas y endeudamiento. Un adecuado manejo de estos tres instrumentos nos dará sin duda los recursos para enfrentar la catástrofe con responsabilidad, sin poner en riesgo la solidez fiscal que hemos construido en las últimas tres décadas.

La tarea del país es grande: vivimos épocas de emergencia, de urgencia y de sacrificio. Ver a autoridades como el senador Navarro, en Concepción, recorriendo la zona junto al Presidente de la República es una señal que nos genera optimismo; esa misma disposición en el despacho de las leyes en el Congreso es lo que espera el país y, especialmente, lo que esperan los millones de compatriotas afectados por una calamidad que urge a todos: autoridades de gobierno, parlamentarios, alcaldes y empresarios a trabajar 24/7, por este Chile que tanto ha sufrido y que tanto espera de ellos.


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