viernes, junio 04, 2010

Chile, el Golfo de México y el Mar Egeo, por Roberto Ampuero.

Chile, el Golfo de México y el Mar Egeo,

por Roberto Ampuero.

Estoy en Alemania y no hallo aquí la atmósfera de confianza que respiré hace dos meses, ni menos la de hace un año, cuando el país celebró el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Esta vez reinan la incertidumbre y la frustración entre los alemanes con respecto al destino del euro y las economías vecinas. Tensa inseguridad percibí también en Dublín, por la crisis griega, y cuando salí de Estados Unidos las esperanzas en la recuperación nacional se habían convertido en angustia tras el desastre ecológico de la BP en las costas de Luisiana.

En rigor, tanto el Golfo de México como Atenas están más cerca nuestro de lo que imaginamos. La tragedia estadounidense plantea a todos, Gobierno y oposición, interrogantes delicadas: ¿Cómo está realmente nuestra protección ambiental? ¿Podemos confiar de verdad en los estudios de impacto ambiental de expertos contratados por las empresas que explotan los recursos? ¿Y son auténticamente independientes las instituciones encargadas de fiscalizar esas operaciones? El desastre de la BP puso de manifiesto no sólo que a veces los expertos son incapaces de cerrar la caja de Pandora que abren por encargo, sino también que existe complicidad entre consorcios y autoridades fiscalizadoras, una complicidad que en EE.UU. implicaba suministro de viajes, orgías y drogas a los supuestos fiscalizadores. Luisiana muestra también el peligro que representan empresas que gracias a su poderío terminan colegislando a su favor. En Luisiana vemos también que la internacionalización de capitales ha creado entidades sin lealtad a patria alguna, que sólo se guían por la maximización de ganancias. Un gobierno de centroderecha debe prestar especial atención a estos riesgos y rayar bien la cancha. En Estados Unidos, la influencia de gigantescos intereses particulares a través de lobistas y políticos está dejando ahora una letal huella oleaginosa de efectos ambientales y sociales aún imprevisibles.

Por otra parte, la crisis europea, que comenzó con el desbarajuste financiero de Grecia, pero compromete ahora a la Unión Europea, nos plantea otro tema: ¿Cómo reaccionar ante la crisis del Estado social, instalado en el horizonte programático de la izquierda renovada y el centro? ¿Sigue siendo viable ese generoso modelo socialdemócrata en la era de la globalización y a la luz de los recortes estructurales que hacen hoy los europeos? Para sus críticos, fueron precisamente la generosidad y el tamaño de esos estados lo que causó la crisis. Es un tema crucial para quienes se identifican con la Europa social de posguerra. Fue una Europa ejemplar por lo expansiva en el gasto social, pero al parecer inviable a largo plazo. Habrá que observar la lectura que haga la izquierda socialdemócrata de la crisis de su modelo inspirador y qué rescata de él para Chile. Los europeos se preguntan hoy cómo mantener prestaciones sociales históricas y recuperar al mismo tiempo austeridad fiscal, crecimiento, competitividad y financiamiento a largo plazo del modelo. Pero la crisis europea nos recuerda otros desafíos cuya solución aún esquivamos: el envejecimiento de la población, el financiamiento futuro de beneficios sociales, la formulación de una política migratoria de largo aliento, ajustada a nuestras necesidades.

Como se ve, las aguas del Golfo de México y del Mar Egeo también bañan nuestras costas.



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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/