miércoles, abril 14, 2010

El otro Fariñas y la oligarquía cubana, por Víctor Farías.


El otro Fariñas y la oligarquía cubana,

por Víctor Farías.

Carlos Fariñas, quien murió hace unos pocos años, fue el más notable compositor cubano del siglo XX. Director por largo tiempo del Conservatorio Nacional de Música de La Habana, compositor ilustre nombrado en las mayores enciclopedias de historia de la música en el mundo, colaborador de Alicia Alonso y figura relevante de la cultura cubana. Lo conocimos en los años 80 en Berlín Occidental, en donde trabajó componiendo notables partituras para las escenificaciones del gran dramaturgo alemán Frank Patrick Steckel. Lo asesoré -como filósofo- durante años y admiré sus composiciones para dramas de Shakespeare, Hölderlin, Barlach y Brecht entre otros. Era marxista-leninista y un fiel defensor de la así llamada revolución cubana. Notable es su oratorio «Y el bosque ha echado a andar» sobre Macbeth y dedicado a Ernesto Che Guevara. Éramos amigos pese a todo.

Cuando mi hija menor -hoy una célebre diseñadora textil- rindió su bachillerato berlinés me dijo que quería estudiar diseño. Quise averiguar cuál era la mejor escuela de Europa porque, no siempre con éxito, me gusta buscar de partida lo mejor. Me informaron que la mejor escuela estaba en Londres y era la Royal Academy of Arts y que otras eran las de Pasadena (California) y en Estocolmo. Me comunicaron, sin embargo, que por no tener sangre europea, mi hija debía pagar en Londres trece veces más que un estudiante europeo, y de las otras escuelas, en Pasadena y Estocolmo, escuché datos no más simpáticos. Para pagar todo eso habría debido trabajar hasta el 2035 y sin comer mucho. Cuando recibimos esas noticias, Carlos Fariñas estaba en nuestra casa berlinesa visitándonos. El seguía la información con marcada atención porque quería mucho a nuestra niña y porque -como gran artista- había advertido el talento de ella. Pero también por otra cosa. Después de un cierto silencio, para digerir el primer desencanto, Carlos me dijo, como de pronto y venciendo un freno interior, algo que sólo puedo contar después de su muerte. "Oye, chico, Víctor amigo, tú sabes que no pensamos lo mismo, pero como aprecio tanto a tu niña y a tu familia te quiero contar una cosa. Dura y que me duele. Fíjate que en el Comité Central de mi Partido Comunista cubano, en medio de un país en el que recibimos bonos para poder comprar unos pocos gramos de carne a la semana, hay un «compañero» que tiene tres hijos que estudian precisamente allí en donde quiere ir tu hija, o en Finlandia, creo. Pero la diferencia contigo, Herr Professor, es que él les paga todos los gastos de su propio bolsillo. Muchos de esos revolucionarios socialistas no sólo son ricos, son magnates, hijo. Me duele mucho, pero te lo cuento igual. Así somos los cubanos".

El gran músico sabía muy bien acerca del contubernio entre políticos comunistas, militares serviles y corruptos, y las redes de exportación de armas y drogas que ya entonces formaban una casta dorada gozando la mayor abundancia, sirviéndose de un pueblo fanatizado y todavía crédulo de utopías de juventud y sin los derechos que deben tener todos los seres para ser humanos. Una "casta" o "nueva clase" que nunca piensa en separar la política y los negocios.

Esos son los que hoy torturan y enjaulan al otro Fariñas, menos prominente que su homónimo, sin parentesco común por lo que sé, pero al menos tan humano como él y todos los cubanos. El nuevo Fariñas que desafía la muerte para reconquistar la libertad. Todos los chilenos, sin excepción, debieran salir a las calles antes de que sea demasiado tarde. El humor negro de los cubanos, que hoy ironiza diciendo «¡Socialismo o Muerte, perdone la redundancia!» debe ceder el paso a la irrupción de un pueblo para poner fin al infierno. Esas son las verdaderas alamedas -no las de Salvador Allende y los suyos- que conducen a la libertad.


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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/