lunes, noviembre 03, 2008

Dos síndromes fatales.


Que el síndrome del VIH (SIDA) se ha extendido incontrolablemente es algo que debe alarmar a la ciudadanía, sobre todo porque con la relajación de las costumbres y la pérdida de las ataduras valóricas, el sexo se ha transformado más en un deporte “entretenido” que en la consumación del amor.

Débiles campañas oficiales, de bajísimos presupuestos, ni siquiera han intentado abordar el problema desde la perspectiva correcta, solo nos han incentivado a un actuar animal proponiéndonos que utilicemos algunos aparatos protectores, como los condones, para evitar esta mortal epidemia.

Estamos ciertos de que el enfoque es equivocado, como casi todo lo que ha hecho la administración en salud, entre otros innumerables campos, y que por ello no tendrán los resultados esperados por sus impulsores ni tampoco se evitarán las consecuencias que pagarán millones de ciudadanos propensos a este contagio, sobre todo jóvenes.

Aunque el tema de de suyo grave, y tremendamente complicado, todos sabemos lo mal que se ha actuado en el tema, pero, lamentablemente hay otro síndrome que está matando, al menos haciendo desaparecer del mundo laboral y crediticio, a millones de nuestros compatriotas.

Nos referimos al nefasto crecimiento inorgánico del crédito proporcionado por tarjetas de plástico, que ya hacen dudar inclusive cual es la moneda de circulación legal en el país, que sobre endeudando a la gente en cantidades impagables termina con ellas irremisiblemente en los listados del DICOM.

Este problema, ocasionado por la compra barata de dinero en el extranjero, especialmente en los estados Unidos, a un valor cercano al 4% anual, la codicia que ha enceguecido a nuestro sistema, llevándola a cobrar por ese mismo dinero cifras que bordean el 60% anual, produciéndoles pingues ganancias.

Pero, para sobre endeudarnos han incentivado insensatamente el eso de estos plásticos, dándoles inclusive un trato preferencial que el que se da a aquellos que pagan al contado, ha “liberalizado” las condiciones crediticias, quizás por la abundancia de plata, asignando créditos irracionales a quienes no los pueden pagar.

Usted se preguntará ¿Pero que tiene que ver una enfermedad grave con DICOM?, la respuesta por obvia y simple solemos pasarla por alto, una, el SIDA, mata rápidamente a los infectados, la otra, el DICOM, asesina lentamente a los trabajadores, extermina la familia y lleva a millones a morir de hambre.

Uno es un problema sanitario gravísimo con el que es obligatorio ponerse a trabajar rápidamente y en serio, el otro es un problema social, que de no buscársele una solución inmediata sin duda terminara en convulsiones sociales de consecuencias imprevisibles, pero siempre muy dolorosas.


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