viernes, julio 09, 2010

De la obstinación a la conversión, por Alberto Medina Méndez.


De la obstinación a la conversión,
por Alberto Medina Méndez.


En el debate ciudadano y no solo en la tribuna política, se presentan a diario discusiones que muestran dos visiones sobre la misma temática. Los circunstanciales protagonistas del debate se esmeran en aportar argumentos que mejoren su posición relativa con el objetivo de reforzar su propia mirada. También los mueve el desafiante estímulo de obtener del otro lado una claudicación, un reconocimiento de la razón ajena, un signo de debilidad que muestre como se derrumba el andamiaje original.


En ese encuentro de ideas, en esa confrontación, algunos recurrirán al mas bajo de los recursos, la descalificación, la ironía, la chicana, el golpe bajo en lo dialéctico y hasta la ofensa como metodología sistemática. Todos esos mecanismos apuntan a sacar de foco al contrincante, llevarlo a perder los estribos, alejarlo de la racionalidad para que termine devolviendo con idéntica moneda cada exabrupto recibido.


Otros recorrerán el camino, aparentemente interminable, de alargar la discusión hasta el cansancio, presentando una premisa diferente por cada explicación ofrecida por el interlocutor de turno. Por momentos, esa dinámica parecerá inagotable y hasta es probable que alguno decida abandonar la controversia afirmando que no vale la pena, que nada cambiará su visión o simplemente se rendirá bajo los influjos del agotador esfuerzo intelectual de pensar una razón diferente para cada mirada opuesta.


Algunos mostrarán su más obcecada postura, esa que da vueltas y vueltas sobre lo mismo, sin dar el brazo a torcer. Se trata de la terquedad propia del orgullo de quien intentará ofrecer fundamentos hasta que estos se agoten y entonces apelará al artilugio de patear la pelota afuera, cambiar el eje de la polémica o solo recurrir a retorcidas comparaciones que hagan de su tesis solo la menos mala y no la mejor.


Para lo funesto buscará atenuantes, justificaciones y afirmará que otros también lo hicieron, que muchos lo siguen haciendo y hasta dirá que en otras sociedades ejemplares esa dinámica sigue vigente y nadie las cuestiona. Cualquier testimonio servirá para ese instante tenso de la apasionada discusión. Casi cualquier subterfugio será de utilidad para superar la incomoda situación. Pero en el fondo de todo intercambio subyace lo que ese individuo ha recogido íntimamente, eso que no aceptará en público, pero que empieza a hacerle ruido, a generarle un fastidio que aun no puede explicar en palabras.


No lo puede explicitar tan claramente. Hacerlo implicaría admitir que su circunstancial dialoguista tenía razón, o incluso aceptar cierta duda acerca de que eventualmente podría tenerla. Su amor propio no le permitirá ese reconocimiento público, pero en su fuero más íntimo, algunas cosas empiezan a no convencerlo del todo.

Esa sucesión de dudas, de razonable vacilación, de titubeo en el análisis, producto de la honestidad intelectual de este protagonista de la historia, empieza a socavar las profundas raíces que sostenían todo su armazón argumental. Es justamente ese proceso el que lo llevará, desde su aparente fanatismo actual a enrolarse en las filas opuestas. Y habrá que decir que nada existe de malo en cambiar de opinión. Muy por el contrario, muestra la capacidad de evolucionar del ser humano, su increíble habilidad para asumir el error y superarse a si mismo, encontrando nuevas respuestas a viejos dilemas.


La mutación en las ideas es saludable y no debería ser criticada, pues muestra una faceta muy humana. Ninguno de nosotros puede afirmar que siempre ha pensado lo mismo acerca de todos los temas. La incorporación de información, los nuevos elementos, la profundización en el análisis, la curiosidad investigativa y sobre todo la capacidad para discernir entre una cosa y la otra, sumada a la duda que genera cualquier buen aporte, permiten que los individuos intentemos mejorar, progresar y permitirnos esos cambios de visión que tan mala prensa tienen y que tanto ayudan a que la especie evolucione.


Seguramente estarán los más tozudos, los hay más tercos y obcecados. Los procesos en ellos no llegarán nunca, o simplemente serán más lentos. El debate sirve, la discusión ayuda y hay que animarse, por estéril que parezca a veces el esfuerzo. En cada intercambio todos se enriquecen, se alimentan, se estimulan, confirmando visiones, revisando las propias, aunque sea parcialmente.


No hay que temerle a la discusión, tampoco a la posibilidad de pensar distinto respecto de nosotros mismos. Nuestra percepción actual no es la misma que la de ayer. Seguramente la del futuro, también se modificará respecto de la de hoy.


Por impermeable que parezcamos, todo lo que nos llega se suma a nuestro bagaje de conocimientos. Algunas ideas fortalecerán las propias, aportarán motivos adicionales para sostener lo que afirmamos, servirán como demostración práctica de que teníamos razón. Las piezas del rompecabezas que no encastran quedarán dando vueltas, justamente porque no encajan y porque su existencia pretende relativizar nuestras consistentes afirmaciones cotidianas. Por mucho que deseemos ignorarlos, esos ingredientes, deberán finalmente encontrar su espacio. Podrán ser desoídos por un tiempo, pero en algún momento, tendremos que asignarle un lugar y allí estarán esperando su turno para darnos la completitud pendiente.


Esto explica porque quienes hasta hace algunos años eran defensores acérrimos de ciertos personajes, están hoy en la vereda de enfrente sin que hayamos percibido el momento exacto en el que cruzaron la calle. Frente al planteo concreto, ellos no contemplan la posibilidad de admitir que antes decían esto y ahora dicen lo contrario. Tal vez, aceptarlo hiera su orgullo. Pocos son los que tienen la valentía, la honestidad intelectual, de decir ME EQUIVOQUE Y MUCHO. Probablemente lo importante no sea reconocerlo en forma pública, sino aceptarlo íntimamente en ese prolongado proceso que recorre el converso y que luego lo hace un amplio conocedor de su nueva posición a partir de sus visiones del pasado.


Ha llegado allí después de un prolongado peregrinar, plagado de frustraciones, repleto de desilusiones, teorías derrumbadas, refutaciones permanentes y fundamentalmente de interminables confusiones que fueron minando su viejo sistema de ideas.


Importa no perder el norte cuando discutimos lo cotidiano. A mucha gente le resulta incomodo observar como su construcción intelectual empieza a erosionarse. Resulta molesto visualizar que, aquellos a los que se defendió, no son lo que parecían y que una nueva decepción se avecina, como tantas otras, abriéndose pasos a regañadientes.


Ese empecinamiento inquebrantable, esa terquedad inexpugnable, es solo un síntoma, solo una parte, la más visible de un proceso que va por dentro, que es lento, evolutivo, progresivo. Algunos jamás cerrarán el círculo y sus inconsistencias permanecerán por siempre. Otros, los más valientes, los que realmente son capaces de intentar la búsqueda de la verdad con una apertura mental ejercida y no recitada, los que se animen a ensamblar las piezas sueltas sin cegarse, aceptando nuevas ideas y asumiendo con hidalguía los errores del pasado, recorrerán ese camino de la obstinación a la conversión.



Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com

sábado, julio 03, 2010

LA HISTORIA SE CUENTA SOLAMENTE POR UN LADO, por María Ester Amenábar Araos





LA HISTORIA SE CUENTA SOLAMENTE POR UN LADO,

por María Ester Amenábar Araos

Después de escuchar nuevamente a la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, vociferando descontroladamente al término de la audiencia con el Presidente de la República Don Sebastián Piñera Echeñique, el día 22 de Junio de 2010, quien las recibió con la mejor intención de conversar con ellas y escuchar sus planteamientos sobre el tema de derechos humanos, se han retirado del palacio con una odiosidad increíble, sólo porque no se les había aceptado sus planteamientos, que fueron expuestos con una agresividad verbal muy ofensiva, como acostumbran los comunistas.


Esta forma de expresarse de los marxistas es parte de su cultura para imponer sus ideas y planteamientos ideológicos, especialmente cuando se encuentran en desventaja ante un auditorio o interlocutor con una mayor capacidad intelectual.


Esta situación no es de extrañar, porque si analizamos la historia moderna, se puede comprobar que a partir del término de la II Guerra Mundial, los marxistas han eludido permanentemente realizar foros o seminarios filosóficos relacionados con la aplicación de la doctrina marxista en sus pueblos, con intelectuales del mundo occidental; porque los primeros eludían dicha actividad para no demostrar su mísera realidad cotidiana y la presión social que se ejercía sobre la población, fundamentalmente coartando la libertad, en todo sentido, a sus conciudadanos. En cambio, al mundo occidental no le interesaba mayormente desarrollar dichos foros, por no ser de interés social e intelectual de éstos, ya que ellos están más interesados en las doctrinas científicas, tecnológicas y/o económicas, que en las doctrinas filosóficas.


Producto de la caída del muro de Berlín y de todo el frente que separaba a los países ubicados detrás de la cortina de hierro, cuando la gran masa humana oprimida por el marxismo, huyó en dirección al occidente, en búsqueda de la libertad esencial del ser humano, curiosamente los chilenos que se habían asilado en dichos países de doctrina marxista y además aquellos que se habían refugiado también en la isla caribeña bajo el régimen cubano, ya habían utilizado todos los subterfugios legales o ilegales, - en que son expertos, - para arrancar de dichos regímenes, dado que la vida que en ellas se llevaba no les agradaba y menos el estar sometidos a la disciplina del partido y más aún, al no recibir los beneficios para una mejor calidad de vida en comparación a los jerarcas políticos del régimen marxista.


Al poco tiempo después, la mayoría había huido o se había trasladado a países occidentales, de preferencia europeos para usufructuar de los beneficios que recibían los refugiados, ya sea intelectuales, asistenciales y especialmente económicos, que les otorgaba un status social muy considerado en comparación a lo que tenían anteriormente y más aún en su propio país. Muchos refugiados chilenos no perdieron el tiempo y aprovecharon capacitarse intelectualmente para la recuperación del poder, pero guardan el más absoluto silencio de lo que tuvieron que sufrir bajo las condiciones iniciales que les otorgaban los países socialistas, en todo aquello que significaba la pérdida de la libertad, ya sea de vida o expresión.


Curiosamente, llama la atención que todos aquellos refugiados que regresaron nuevamente al país después del Régimen Militar, nunca han expuesto acerca de sus vidas en el extranjero y menos aún han aceptado efectuar foros en relación al sistema de vida de esos países y sobre las condiciones de respeto a los derechos humanos que a ellos se les imponía. También, no es de extrañar, que cada vez que Chile, quiere mostrar algún aspecto sobre el tiempo de la Unidad Popular, la izquierda lo elude inmediatamente y lo mismo sucede cuando se expone acerca del régimen cubano o de los países tras de la cortina de hierro, en la época que existía. Nadie se refiere a la gran sublevación de las naciones en dichos países y a las condiciones de vida que existían en ese entonces.


Cuando se realizó la mesa de diálogo durante el período del Presidente Lagos, se acordó en primer término, establecer las causas históricas que originaron la implantación del Gobierno Militar y luego entregar los antecedentes para juzgar a los supuestos violadores de los derechos humanos. Sólo se cumplió con lo segundo y aplicando toda la interpretación jurídica posible para favorecer a las víctimas, sin interesarles su pasado y los motivos de su detención, sino que, aplicar condenas a los militares, porque su único fin, es el lucro, para satisfacer sus necesidades económicas con la enorme indemnización y beneficios que reciben de por vida de parte del Estado chileno.


Este es el verdadero objetivo de los socialistas y de los marxistas: seguir aprovechando los beneficios económicos. El Museo de la Memoria, es otro instrumento más para ocultar la verdadera historia y solamente busca mantener su parcial versión del pasado, es decir, desde el 11 de septiembre del año 1973 en adelante, a fin de no perder el sustancioso ingreso que el sistema les otorga, habiéndose constituido en una profesión muy lucrativa para este estamento de la sociedad chilena.


Al finalizar, concluimos que las integrantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, sólo están cumpliendo con su labor para no quedar cesantes y así seguir usufructuando del Estado chileno.

lunes, junio 21, 2010

Embajadores políticos y de carrera, por Hernán Felipe Errázuriz.


Embajadores políticos y de carrera,

por Hernán Felipe Errázuriz.

Pablo Neruda escribía en 1948: “Si usted nace tonto en Chile, pronto lo harán embajador”. En 1970 terminó siéndolo y se desempeñó admirablemente, sin ser diplomático profesional. Abrió puertas infranqueables en Francia, no sólo culturales. Genial fue su intervención en la renegociación de la deuda externa, en el Club de París. Desarmó a John Hennessy, secretario del Tesoro, que encabezó la delegación de Estados Unidos: le pidió “hacer honor a su apellido, de finísimo cognac, de final de banquete”. El poeta estaba secundado por el distinguido novelista y diplomático Jorge Edwards, hoy designado embajador en Francia.

Gabriel Valdés, Víctor Santa Cruz, Hernán Videla Lira, Francisco Bulnes Sanfuentes, Sergio Onofre Jarpa, Arturo Fontaine, Carlos Martínez, Horacio Walker, Miguel Schweitzer, Radomiro Tomic, Jorge Errázuriz, Sergio Larraín G-M., Máximo Pacheco, Aniceto Rodríguez, Luis Jerez, Francisco Orrego, Andrés Bianchi, Genaro Arriagada, José Rodríguez Elizondo y otros políticos, periodistas e intelectuales fueron excelentes embajadores en misiones importantes. Todos supieron observar la virtud de la modestia para respetar los consejos de sus colaboradores profesionales y las instrucciones de la Cancillería.

Hay embajadores competentes, incompetentes, atinados y desatinados, tanto en la carrera diplomática como entre los designados políticamente.

El Presidente Piñera ha nombrado más del 80 por ciento de embajadores de carrera. Con ello ha fortalecido la profesionalización del servicio exterior. Excepcionalmente, ha recurrido a personalidades que no formaban parte del mismo. El desacierto de las declaraciones de uno de ellos no invalida la racionalidad de otros nombramientos de esa categoría.

Los profesionales de la diplomacia tienen ventajas comparativas para servir de embajadores, por lo que deberían tener una primera opción, pero esos cargos no son ciencia ni arte oculto, reservados sólo a los funcionarios de la Cancillería.

El conocimiento internacional, la dedicación, el buen criterio, la lealtad y otras cualidades del diplomático ideal no son exclusividad ni están garantizadas por los embajadores de carrera: son exigibles a todos los nombramientos en esos cargos. Sucede a veces que los gobernantes, por conveniencia partidista, por compromiso, por presiones corporativas de la Cancillería o por amistad, omiten esas exigencias. También ocurre que algunos embajadores políticos, en vez de velar por los intereses del país, siguen sus agendas personales. Aunque según Harold Nicolson “el carácter y la inteligencia del diplomático valen igual en Varsovia como en Buenos Aires”, hay personas ajenas al servicio exterior que tienen competencias para ser embajadores en determinados países.



jueves, junio 10, 2010

Educación un tema ineludible....


Faltan tres preguntas,

por Gonzalo Rojas Sánchez.

En la ya casi eterna discusión sobre los resultados del Simce, se echan de menos tres preguntas que podrían aclarar mucho la búsqueda de soluciones.

Estimados profesores: Aun reconociendo la dificultad de sus tareas, especialmente en las grandes ciudades (muchas horas de clases, largos tiempos de traslado, malos sueldos, agresividad parental y estudiantil, mediocres bibliotecas, etc.), por favor, cuéntennos:

1. ¿Cuántas horas de estudio dedican cada semana -incluyendo sábados- a mejorar en el conocimiento de sus materias?

2. ¿Cúantos y qué libros han terminado durante el año pasado?

3. ¿Cuántas horas de televisión ven cada semana?

Se insiste mucho en la necesidad de mejorar la formación pedagógica de los profesores, pero muy poco en lo imprescindible que es que estudien -y mucho, por mucho tiempo, con mucho entusiasmo- sus respectivas materias. Ya a mediados de los años 50, Hannah Arendt se quejaba del vicio del pedagogismo en las escuelas universitarias que formaban profesores, en claro detrimento del conocimiento de sus ramos.

Se critica mucho la incapacidad lectora de los chilenos -altos, medios y bajos- pero no sabemos cuánto no-leen nuestros profesores (¿un libro al mes, uno al semestre?) en la micro, en el metro, donde sea.

Se tabulan los efectos lamentables de las 3, 4 ó 5 horas de televisión diarias, que destrozan a los niños (que apenas, además, reciben tareas para la casa), pero no está registrada la atención diaria-media que le entrega religiosamente el docente a la pantallita.

No parece factible que los colegios tomen medidas ya imprescindibles para los profesores (menos horas de clases y más horas de estudio, mejor pagadas) mientras no exista claridad sobre estos puntos.


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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/
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