sábado, marzo 01, 2008

Castro Hnos. y Cia.

Castro Hnos. y Cía.
Hernán Felipe Errázuriz


La decrepitud y la muerte de los líderes comunistas no garantizan cambios para sus pueblos. Todavía gobierna Corea del Norte el hijo de Kim Il Sung, tensionando al mundo con sus misiles y proyectos nucleares. El perturbado heredero sigue amparado por la camarilla de su padre. Brezhnev, Andropov y Chernienko, los últimos mandatarios de la Unión Soviética, mental y físicamente incapacitados, influyeron hasta el final; la nomenklatura, por temor y sobrevivencia, decía interpretarlos. Todo terminó cuando Yeltsin decretó la disolución de la maquinaria comunista.

Fidel Castro y su régimen agonizan lentamente. Lo que viene es un camino complicado. Por ahora, los dirigentes cubanos, aterrados de contradecir al líder y perder el poder, cierran filas, obedecen la sucesión dinástica y gerontocrática, y ungen al hermano Raúl como Presidente de Cuba. Viejos e inflexibles comandantes lo secundan en las vicepresidencias. Son los mismos de siempre. Ninguno con ideas propias ni con la personalidad de Deng Xiaoping, capaz de dar el gran salto adelante con reformas liberalizadoras, luego de imponerse a la esposa de Mao y a la banda de los cuatro que gobernaban China.

No es fácil lo que se viene en Cuba: su institucionalidad es el partido y el ejército comunistas, incompatibles con las libertades. El temor de su pueblo es explicable, las bases del sistema están incólumes y el moribundo fundador, omnipresente. Estados Unidos ha hecho más difícil el término del castrismo. No ha entendido que sus presiones son contraproducentes. Incomprensible que a pocas millas de la isla, con su base de Guantánamo dentro de ella, no entienda lo contraproducente de la mentalidad de asedio que ha contribuido a crear en los cubanos. Antes fueron la invasión de Bahía Cochinos y otras torpezas de la CIA. Ahora, su negativa a levantar el embargo, que une y aliena al grueso de la población de la isla.

Algún tiempo le queda al castrismo. El primer dignatario extranjero en visitar a Raúl Presidente fue el secretario de Estado del Vaticano. No sabemos si el cardenal impartió la extremaunción a ese régimen. Lo cierto es que el purpurado abogó por el fin del embargo.

El relevo de los jerarcas por otra generación más joven de gobernantes será inevitable, y entonces vendrá la apertura. El inmovilismo de los comandantes acelerará la presión de renovación. Una posición sensata de Estados Unidos podría hacer más fácil el desenlace. Hasta el duro Teodoro Roosevelt habría aportado más que una zanahoria para mejorar el clima de una transición ineludible, cada vez más cercana.


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Los pueblos que no se defienden seguramente pierden sus libertades. http://reaccionchilena.blogspot.com/
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